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Mar del Plata 2011: Rarezas y sorpresas de un anfitrión
Marcelo Alderete -programador del festival y amigo de la casa- ofrece sus recomendaciones, que sortean la obviedad de los films premiados o de directores consagrados para centrarse, en cambio, en los títulos más experimentales y audaces de la programación de este año.
Vistos por separados, los cortos de Rivers que presentamos en este festival parecieran provenir de directores diferentes. En Sack Barrow somos testigos de los últimos días de una fábrica en una zona industrial de Londres, en donde no hace falta más que ver los cuerpos de sus habitantes y las descascaradas paredes para sentir el paso del tiempo. Por otro lado, Slow action adopta las formas del documental antropológico para contarnos la historia de cuatro islas que quizás existan en el futuro (algún futuro). A mitad de camino entre Chris Marker y el Werner Herzog de Fata Morgana, Rivers re-utiliza elementos reales y de la ficción para armar sus utópicas sociedades y crear un nuevo universo.
Y por último, su primer largometraje, Two Years at Sea. El protagonista de este documental, Jake Williams, vive en un bosque alejado de la sociedad, en donde pasa sus días realizando las más diversas tareas, sólo acompañado por la mirada de Rivers. Un director y su personaje orgullosos de su soledad.
El diario íntimo, la confesión, los recuerdos personales son las formas que adoptan Photographic Memory, de Ross McElwee, y Color perro que huye, de Andrés Duque, (también Vikingland, del gallego Xurxo Chirro, trabaja sobre los recuerdos, pero en este caso, ajenos).
“La película del mañana será un acto de amor”, vaticinó Francois Truffaut en 1957 y algo de esto se hace realidad en estos títulos. Indagaciones en el pasado para encontrar respuestas a un futuro que no es lo que se esperaba en un caso y el repaso del tiempo perdido obligado a causa de un accidente sufrido por su director, en el otro.
Imágenes digitales provenientes de oscuros sitios de Internet, viejas fotografías, cuadernos de notas, antiguas películas, todo sirve para poner en funcionamiento la memoria y terminar dándonos cuenta que el material menos confiable, no es el digital ni el analógico, sino aquel sobre el que están grabados los recuerdos.
Es difícil hablar de Low Definition Control (Malfunctions #0), de Michael Palm, “un documental de ciencia ficción” como la describió el critico Bert Rebhandl. Sus imágenes, siempre extrañas, siempre estilizadas, van del 35mm en cinemascope hasta la más pixelada de las imágenes salidas de cámaras de vigilancia callejera. Las voces en off de intelectuales, sociólogos y abogados, entre otros, nos hablan de un mundo extraño que no es otro que este. Un intento de rastrear la arqueología de las imágenes del futuro en el que vivimos, en la forma de un virtuoso ensayo cinematográfico.
La sección Estados alterados, este año, además, se llenó de cortometrajes. Desde lo último de Ken Jacobs, Another Occupation (de quien mientras escribimos esto, ya tiene un nuevo trabajo listo para la próxima edición del festival), hasta la humorística situación que nos muestra Josef Dabernig en Hypercrisis, pasando por tres nuevos trabajos de la neoyorquina Deborah Stratman, en donde se destaca un inesperado homenaje a los Blues Brothers llamado Shrimp Chicken Shop.
Ocho minutos le bastan a Norbert Pfaffenbichler en Conference - Notes on Film 05 para recorrer la historia de la representación de Hitler en el cine por los más variados actores (65 en total y en donde se llega a colar el Charles Chaplin de El gran dictador de la mano o mejor dicho, el cuerpo de Robert Downey Jr.).
Otro de los orgullos de esta sección es el estreno de dos títulos argentinos: La nube, nueva obra del ya clásico Paulo Pécora, y el largometraje 75 habitantes 20 casas 300 vacas, un sensible documental que marca el debut cinematográfico de Fernando Domínguez. Desde Brasil llega Praça Walt Disney, de la dupla Sergio Oliveira y Renata Pinheiro, un trabajo de observación que se toma sus licencias para retratar el particular lugar del título y Tranquility, de Siegfried A. Fruhauf, obra que parte de una escena de ocio playero para transformarse en una verdadera tormenta cinematográfica de apenas cinco intensos minutos que nos alivian momentáneamente de la ausencia de un nuevo trabajo de Peter Tcherkassky. Y hablando de ausencias, The D Train, de Jay Rosenblatt, sólo necesita unos escasos minutos para condensar toda una vida.
A la hora de armar la sección llamada Busco mi destino, con el amigo Pablo Conde (el verdadero artífice de estas zonas del festival) nos preguntamos siempre en qué anda Andrew Bujalski. Y, si bien Bujalski se esta tomando su tiempo para realizar su nueva película, seguidores no le faltan. The Color Wheel, de Alex Ross Perry, con su granulado blanco y negro, sus increíbles actores y sus precisos diálogos, remite sólo en forma a aquel género ya casi perdido llamado alguna vez mumblecore. Las verdaderas raíces de The Color Wheel hay que buscarlas, como pasa con Bujalski, en la comedia clásica norteamericana.
En esta sección también se destaca el documental Dragonslayer, de Tristan Patterson, que cuenta la historia del skater Josh 'Skreech' Sandoval enfrentando un futuro inminente desde un presente lleno de piletas vacías. Algunas de las imágenes más hermosas de este festival se encuentran en esta película. Y, para terminar con esta sección, no hay que dejar pasar Terri, segunda película de Azazel Jacobs (si, el hijo del gran Ken), que parte de temas utilizados hasta el hartazgo por las comedias, para realizar una película totalmente particular como lo es su protagonista, el heroico Terri.
Los azares dentro de los festivales a veces generan extrañas asociaciones, como es el caso de Traité de bave et d'éternité, de Isidore Isou, y The Movie Orgy, de Joe Dante. Antes de Guy Debord y sus conceptos sobre la sociedad del espectáculo, estuvo Isidore Isuo con su Internacional Letrista, mostrando el camino con su única película; Traité de bave et d'éternité (poco tiempo más tarde pondría su voz para Hurlements en faveur de Sade, de Guy Debord) un verdadero hito en la historia de la vanguardia cinematográfica.
Por su parte, Joe Dante con The Movie Orgy se mueve entre la nostalgia y la experimentación. Nostalgia porque sus imágenes son tomadas del cine y la televisión norteamericana de los años '50 y '60, y experimentación porque todo cabe en ella: noticieros, bloopers, comerciales, documentales del gobierno, películas clase B, clase Z, y todos los etcéteras posibles. Una película que es todas las películas a la vez y que parece, y no debería, tener fin.
En ambos casos, son obras que permanecen en el tiempo, casi ocultas, ajenas a cualquier moda y sólo fieles a sí mismas. Dos cantos a la anarquía cinematográfica, títulos que al convivir dentro de una misma programación, enaltecen y justifican cualquier festival. Si el futuro del cine está en su pasado, estas películas no hacen otra cosa que demostrarlo.
Y, como para ir terminando, no hay que olvidarse del cine oriental. Desde la acción a puro ritmo y violencia de la coreana The Yellow Sea, dirigida por Na Homg-Jin, pasando por el explosivo doble programa de Guilty of Romance e Himizu, ambas de Sono Sion, un director que no para de hacer crecer sus ficciones con una fuerza y un maximalismo que el cine actual parece, cada vez más, dejar de lado. Hitoshi Matsumoto, abandona por un rato el delirio de Symbol y Big Man Japan para hacernos reír y emocionarnos con la historia de Saya Zamurai. Y el clásico Johnnie To, quien vuelve con una mezcla de comedia, thriller y clase de economía global llamada Life Without Principle.
Tampoco faltan los conocidos de siempre como Bruno Dumont, quien retorna sobre sus obsesiones y realiza su mejor película con Hors Satan, título que dialoga directamente con otro gran regreso como lo es el de Nuri Bilge Ceylan y Once Upon a Time in Anatolia, un policial con ecos y escenarios que remiten al cine de Abbas Kiarostami. Dos tremendas e impiadosas miradas sobre el mal.
Hay otros dos grandes retornos, el de Philippe Garrel a sus historias de amores imposibles con Un été brûlant y el de Chantal Akerman (en compañía de la gran Nicole Brenez colaborando desde el guión) al cine de ficción, con Le Folie Almayer, una particular adaptación de la obra de Joseph Conrad. Dos mitos del cine francés post-nouvelle vague en su mejor forma.
Y más (me doy cuenta que no dije nada de las bellas bailarinas, ya no de la ópera, si no del cabaret en Crazy Horse, del mítico Frederick Wiseman), muchos films y unos días que antes de empezar ya nos parecen escasos. El viejo truco de los festivales de cine, hacernos creer que lo único importante son las películas, sigue funcionando. El resto es la espera entre una función y la otra.
Nos vemos en La Feliz, buen festival para todos.
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GRAN película 75 Habitantes 20 Casas 300 Vacas. Me la pasó un amigo de un amigo del director y ME ENCANTÓ. Re poética la peli.
Gracias Marcelo, seguí las recomendaciones del anfitrión el año pasado y tuve una muy grata experiencia. Intentaré ir por allá.
No me insultes... hablemos. Gracias Lisa y nos vemos por allá.
Sí, nos vemos en La Feliz, gracias x tu aporte, Alderete, trataré de ver lo más que pueda de tus recos. Si no me gusta, vuelvo aquí para insultarte (broma)
Gracias, excelente servicio de alguien que conoce desde "adentro" la programación, esperamos ahora las de batlle y el equipo de otros cines. Che, no se demoren que necesito ir sacando entradas.