Críticas
Otros silencios, de Santiago Amigorena
Una vengadora canadiense suelta en Jujuy
Una policía viaja de Toronto al norte argentino para vengar el asesinato de su marido y su hijo. El resultado es un tour-de-force emocional dominado por unos cuantos clichés y una mirada paternalista.
Otros silencios (Another Silence, Francia-Canadá-Argentina- Brasil/2011). Dirección: Santiago Amigorena. Con Marie-Josée Croze, Ignacio Rogers, Ailín Salas, Martina Juncadella y Tony Nardi. Guión: Santiago Amigorena y Nicolás Buenaventura. Fotografía: Lucio Bonelli. Música: Yves Desrosiers. Edición: Veronique Bruque, Anita Remon. Dirección de arte: Ignacio Luppi. Sonido: Catriel Vildosola, Claude La Haye, Marcel Pothier y Steven Ghouti. Distribuidora: Aura Films. Duración: 90 minutos. Apta para mayores de 16 años. Salas: 8.
Periodista, escritor y director, Santiago Amigorena -un argentino radicado en Francia desde 1973- escribió los guiones de más de 30 películas y en 2006 rodó su ópera prima, Unos días en septiembre, con Juliette Binoche, John Turturro, Sara Forestier y Nick Nolte. Cinco años más tarde, regresó detrás de cámara con Otros silencios, un melodrama con elementos de policial que arranca en la gélida (nevada) Toronto y termina en los tórridos desiertos jujeños.
Quien realiza ese viaje desde Canadá hasta la Argentina es Mary (Marie-Josée Croze, vista en Las invasiones bárbaras y La escafandra y la mariposa), una oficial de policía felizmente casada y madre de un encantador niño (al menos eso vemos en el algo elemental prólogo del film). A los pocos minutos, cuando padre e hijo se van a un partido de la NBA, son interceptados en la calle y acribillados por dos hombres que viajan en una camioneta. Con una mínima investigación -y unos cuantos excesos violentos- descubre que el asesino es un joven argentino (Ignacio Rogers), ligado a una poderosa red de narcotráfico que ella había ayudado a desbaratar. Allí es cuando arranca la película: ella viaja a nuestro país y termina en el norte persiguiendo al culpable.
Más allá de su origen argentino, la mirada de Amigorena resulta siempre paternalista, obvia, pletórica de clichés (ay, la escena en que ella coimea a un oficial de frontera tirándole los billetes de dólares sobre el escritorio). La película –si bien no indigna y tiene una sólida factura apoyada, sobre todo, en el talentoso DF Lucio Bonelli- jamás levanta vuelo y transita sobre carriles básicos del film sobre una extranjera en territorio inhóspito, un típico relato de pérdida, desesperación y venganza ojo-por-ojo. Lo de Marie-Josée Croze está bastante lejos de sus mejores trabajos. Lo suyo es un tour-de-force emocional que sobrelleva con profesionalismo, pero sin posibilidades de grandes lucimientos con un guión que la enfrenta a situaciones extremas, pero la limita con resoluciones maniqueas y esperables.
Trailer del film:
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