Críticas
Después del casamiento, de Susanne Bier
Culebrón sofisticado
En esta película, que estuvo nominada al Oscar extranjero, la directora de Corazones abiertos y Hermanos narra las penurias de una familia de millonarios disfuncionales, se mete con la ayuda de la Europa opulenta a los niños carenciados de la India y, como dice un slogan publicitario, deja algo en claro: hay cosas que el dinero no puede comprar.
Lo mejor tiene que ver con la potencia de la puesta en escena y la enorme categoría de sus actores, aquí representados por un cuarteto integrado por el gran Mads Mikkelsen (que ya tuvo una incursión en Hollywood como el malvado Le Chiffre de Casino Royale), Rolf Lassgard, Sidsde Babett Knudsen y Stine Fischer Christensen. Lo peor, con cierta tendencia a los golpes de efecto y la manipulación del espectador y a la acumulación de situaciones extremas que le permiten acercarse a los Grandes Temas: la paternidad y el compromiso, el poder del dinero, los dilemas morales, la ayuda del Primer al Tercer Mundo (en este caso, a los niños carenciados de la India), la hipocresía, el desprecio, el cinismo y también la culpa y el remordimiento que imperan en la clase alta, el adulterio, el alcoholismo, las enfermedades terminales, la muerte y un largo etcétera.
La realizadora de Corazones abiertos y Hermanos saber filmar muy bien, apela a un montaje vertiginoso (con algún remedo estilístico del Dogma 95 y temático de La celebración) y, quedó dicho, es una gran directora de actores. La película, por lo tanto, se sigue con bastante interés, aunque varias de sus decisiones artísticas puedan provocar perplejidad y hasta cierta irritación. Una mirada despiadada (por momentos fascinante y en otros casi siniestra) sobre la angustia existencial en una película que oscila entre lo vulgar y lo sensible. Un culebrón sofisticado.
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