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Crítica de “El nuevísimo testamento”, de Jaco Van Dormael
Una irreverente y absurda sátira religiosa llena de ideas y riesgo.
El nuevísimo testamento (Le tout nouveau testament, Bélgica-Francia/2015). Dirección: Jaco Van Dormael. Elenco: Benoît Poelvoorde, Yolande Moreau, Pili Groyne, Serge Larivière y Catherine Deneuve. Guión: Jaco Van Dormael y Thomas Gunzig. Fotografía: Christophe Beaucarne. Música: An Pierle. Edición: Herve De Luze. Diseño de producción: Sylvie Olivé. Distribuidora: LAT-E. Duración: 112 minutos. Apta para mayores de 13 años.
El belga Jaco Van Dormael ha sido desde siempre un director audaz (La vida es una eterna ilusión, El octavo día y Sr. Nadie son algunas muestras de su capacidad de provocación), pero con El nuevísimo testamento redobla la apuesta con una sátira religiosa que en la comparación deja a los Monty Python como humoristas conservadores.
“Dios atiende en Bruselas”, dice el eslogan del film y lo hace de la peor manera. Dios (Benoît Poelvoorde) es un tipo violento, irascible, despótico y maltratador hacia su sumisa esposa (Yolande Moreau) y su tímida hija Ea (Pili Groyne). Harta de los abusos de su padre, la chica decide vengarse enviándole a todo el mundo la fecha de su muerte. Cuando la gente se entera en su celular si le quedan años, meses o días de vida se desata el caos y Dios -ya transitando en persona las calles de Bélgica- empezará a sufrir las consecuencias en carne propia.
Dividida en varios episodios siempre con múltiples referencias religiosos, la película se centrará en las historias de vida de varios personajes (posibles apóstoles): un asesino serial, un maníaco sexual, un niño que está por morir y quiere cumplir el deseo de ser una nena, profesionales que deciden cambiar por completo el rumbo de sus existencias y apuestan por la aventura, una muchacha que ha perdido una mano en un accidente en el subte y hasta una sufrida esposa (Catherine Deneuve) que cambia a su marido por... un gorila.
No todos los segmentos son igual de contundentes (por momentos la propuesta se torna un poco errática y sádica), pero en este film sobre el libre albedrío que por momentos remite al absurdo del cine del sueco Roy Andersson o el finlandés Aki Kaurismäki hay múltiples búsquedas y no pocos hallazgos. Estrenada en el Festival de Cannes y nominada al Globo de Oro, se trata de una apuesta irreverente y llena de ideas (y con un uso creativo de los efectos viusales) que, en estos tiempos de cine previsible y calculado, se agradece.
(Esta crítica fue publicada en una versión más reducida en el diario La Nación del 8/12/2016)
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