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Crítica de “Intercepted”, documental de la ucraniana Oksana Karpovych (Competencia Internacional) - #BAFICI2024
La directora de Don't Worry, The Doors Will Open (2019) vino a Buenos Aires para presentar este potente, desgarrador y controvertido film que tuvo su estreno mundial hace dos meses en el Forum de la Berlinale.
Intercepted (Ucrania-Canadá-Francia/2024). Guion y dirección: Oksana Karpovych. Fotografía: Christopher Nunn. Edición: Charlotte Tourres. Sonido: Artem Kosynskyi. Música: NFNR y Alex Lane. Duración: 93 minutos. En la Competencia Internacional.
Oksana Karpovych pasó buena parte de 2022 en el frente de batalla como productora y traductora del equipo inglés de Al Jazeera. De día transmitían en vivo los horrores de la guerra y de noche ella escuchaba decenas de llamadas (fueron 31 horas en total) de los soldados rusos a sus madres, novias, esposas y amigos interceptadas por el servicio secreto ucraniano.
Intercepted -una extraña mixtura entre una innegable obra de arte con mayúsculos hallazgos estéticos y un ejercicio de propaganda de guerra- propone largos planos fijos (algunos tienen movimiento porque la cámara está montada sobre vehículos e incluso sobre tanques), mientras de fondo hay silencio, algo de música o esos fragmentos de conversaciones en los que los militares rusos hablan con un odio desgarrador sobre los “fascistas khokhols” (término despectivo para referirse a los ucranianos), se vanaglorian de los abusos cometidos (torturas, vejaciones, matanza de civiles), o simplemente admiten que tienen miedo, tristeza, frustración y desesperanza.
Los planos fotografiados por el inglés Christopher Nunn exponen la vuelta a la cotidianeidad tanto de la vida urbana y rural: ciudadanos que limpian las esquirlas de una explosión u observan el cráter que ha dejado un misil sobre el asfalto, perros que deambulan en busca de desechos o edificios abandonados con sus departamentos que muestran las huellas todavía visibles de los bombardeos. La guerra también tiene mucho que ver con el silencio, la espera, y esa horrible sensación de que el tiempo está suspendido, Los planos de Karpovych y Nunn nos transportan y nos acercan a esa sobrecogedora experiencia.
Karpovych evita mostrar enfrentamientos, cadáveres, vísceras y sangre porque -afirmó- quería salir de la urgencia, visceralidad y explicitud de los bombardeos u operaciones de combate que se manejan en los noticieros de televisión, donde abundan las imágenes impactantes o gráficas de la muerte. La profunda y desgarradora deshumanización se hace evidente en las charlas de los soldados rusos con sus familiares, mientras que las formas de resiliencia, de resistencia, se percibe entre los civiles que intentan retomar sus vidas luego de todo lo que han padecido.
El film -quedó dicho- generará fuertes discusiones y recibirá cuestionamientos por su clara postura pro ucraniana (y anti rusa), pero más allá de eso es un registro elocuente y poderoso sobre un conflicto que, más allá de la mayor o menor cobertura mediática por parte de los grandes medios occidentales, sigue causando estragos y, lamentablemente, todavía está muy lejos de resolverse.

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