Críticas
Cine argentino
Crítica de “Las facultades”, de Eloísa Solaas
Ex programadora del BAFICI, esta realizadora debutante en el largometraje ofrece un riguroso retrato de la dinámica universitaria en tiempos de exámenes.
Las facultades (Argentina/2019). Dirección: Eloísa Solaas. Fotografía: Esteban Clausse. Edición: Pablo Mazzolo y Eloísa Solaas. Sonido: Nahuel Palenque y Augusto Bode. Distribuidora: Santa Cine. Duración: 77 minutos. Apta para todo público. En el Gaumont (Rivadavia 1635), a las 19.45; y en el MALBA (Figueroa Alcorta 3415), los domingos de julio, a las 18.
Alumnos y alumnas se preparan para los exámenes finales con las más diversas tácticas de estudio. Llega el día de dar los orales. Profesores más o menos exigentes, muchos nervios, tensiones, frustraciones y la liberación final. Luego, a esperar las notas y firmar las libretas. La cámara fija de Eloísa Solaas va hasta las facultades más variadas (Arquitectura, Derecho, Física, Filosofía, Sociología, Agronomía, Diseño de Imagen y Sonido y hasta un bienvenido descanso musical con una prueba de piano) para narrar la intimidad en aulas y pasillos de la vida universitaria en su momento más extremo y decisivo.
Puede que el dispositivo elegido por Solaas (ella misma egresada de la carrera de Imagen y Sonido) resulte por momentos demasiado rígido, pero la capacidad para poner la cámara en el lugar exacto, a la distancia justa y luego seleccionar los momentos más importantes (siempre con el objetivo puesto en los rostros de los alumnos y con las preguntas, observaciones y evaluaciones de los docentes en el fuera de campo) hace de Las facultades un acercamiento en varios pasajes fascinante al funcionamiento de la universidad pública (esencialmente la UBA).
Como curiosidad, una de las estudiantes de Filosofía es la también directora y actriz María Alché (Familia sumergida). Las diferencias entre el clima caótico en esa facultad de humanidades y el contexto solemne y atildado de Derecho (donde se reproduce la dinámica de un juicio con fines evaluatorios) quedan evidenciadas sin que Solaas deba agregar ningún comentario, voz en off ni subrayar elemento alguno. Un relato construido con los mejores recursos y atributos del documental de observación (y el modelo de Frederick Wiseman como principal referente) que le valió a Solaas el premio a Mejor Dirección en la Competencia Argentina del último BAFICI.
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