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Crítica de “Maldita suerte” (“Ballad of a Small Player”), película de Edward Berger con Colin Farrell y Tilda Swinton (Netflix)
El realizador alemán de Sin novedad en el frente (2022) y Cónclave (2024), ganadoras entre ambas de cinco premios Oscar, presentó en prestigiosos festivales como Telluride, Toronto y San Sebastián (Competencia Oficial) su tercer largometraje en los últimos cuatro años, que narra la historia de un ludópata suelto en los casinos de Macao. Desde el miércoles 29 de octubre estará disponible en Netflix.
Maldita suerte (Ballad of a Small Player, Reino Unido, Alemania/2025). Dirección: Edward Berger. Elenco: Colin Farrell, Fala Chen, Tilda Swinton, Deanie Ip y Alex Jennings. Guion: Rowan Joffe. Fotografía: James Friend. Edición: Nick Emerson. Música: Volker Bertelmann. Sonido: Steve Chan, Ben Baird y Rob Price. Duración 104 minutos. Disponible en Netflix desde el miércoles 29 de octubre.
El exitoso paso de Edward Berger por el Festival de San Sebastián 2024 con Cónclave había generado una cierta expectación alrededor de Maldita suerte / Ballad of a Small Player, la última película del cineasta alemán.
Berger ha pasado de filmar el Vaticano a rodar en los casinos de Macao. De la ostentación eclesiástica a la de los hoteles de lujo. En Maldita suerte el dinero está todo el rato ahí. En el plano detalle de un fajo de billetes sobre la mesa de un restaurante o en el plano cenital de una maleta repleta de efectivo. Pero el dinero está también en la médula de la película, en los escenarios y en su estrella, Colin Farrell, quien encarna a un ludópata que se hace llamar Lord Doyle, que siempre juega con sus guantes de la suerte y que va acumulando deudas allá por donde va.
Maldita suerte se muestra tan embelesada por los espacios suntuosos de Macao, por los hoteles de lujo, por las piscinas particulares, por los buffets con langosta y los desayunos con caviar y bilini, que por momentos todo parece una excusa para filmar en estos lugares. Berger parece emular por momentos la estética del cine de Guy Ritchie, pero sin el gusto posmoderno por el montaje voraz que tiene el director de Snatch: Cerdos y diamantes.
Húmeda, nocturna y salpicada de luces de neón, Macao es el escenario del descenso a los infiernos del personaje, empapado de sudor y desesperación, que se aferra a la aparición de una mujer que podría salvarle del entuerto en el que se ha metido, incluyendo los reclamos de un personaje interpretado por una Tilda Swinton que disfruta, como siempre, mezclando interpretación con transformación.
Berger juega con el contraste entre el derroche y lo sucio, hasta el punto que en un momento filma en un plano frontal a su personaje agachado en el suelo vomitando en una cubitera. Producida por Netflix (plataforma, junto a Movistar, muy presente en la reciente edición del festival español), la película tiene más de billete para pasar unos días filmando en Macao que de interés genuino por su personaje.
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Malísima!!!
La peor película que vi en años, malisima