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Cine argentino
Festival de Venecia 2026: Crítica de “Biografía de Jorge Luis Borges”, película de Mariano Llinás (Venice Open - Fuera de Competencia)
-El colectivo El Pampero sigue ganando peso en los grandes festivales y este año tiene dos producciones en Venecia (la otra es El fantasma, que se verá en la sección paralela Giornate degli Autori). En este caso, Llinás debuta en la Mostra con su ambicioso, lúdico, fascinante, provocador y desbordande retrato del venerado y al mismo tiempo muy discutido escritor argentino.
-Tras su estreno mundial en la Mostra, se proyectará en los festivales de Toronto, Nueva York y Londres.
Biografía de Jorge Luis Borges / Life of Jorge Luis Borges (Argentina/2026). Guion y dirección: Mariano Llinás. Con Mariano Llinás y Ernesto Montequín. Fotografía: Agustín Mendilaharzu. Edición: Ignacio Coden. Música: Gabriel Chwojnik y Pablo Dacal. Sonido Valeria Fernández y Federico Esquerro. Producción: Laura Citarella (El Pampero Cine). Duración: 330 minutos. Estreno mundial en la sección Venice Open - Fuera de Competencia de la Mostra de Venecia.
Preámbulo antojadizo a la crítica
Cada martes suele haber una o a veces incluso dos funciones de prensa matinales. Para este martes 8 se anunció primero la de un estreno de Hollywood como Hechizo de amor: La magia continúa (Practical Magic 2), con Sandra Bullock y Nicole Kidman. Una vez acreditado, anunciaron la de Oasis: Don't Look Back in Anger, un rockumental que tenía muchas ganas de ver (y encima se daba a cuatro cuadras de mi nueva casa). Me bajé entonces de la primera y me sumé a la segunda. Poco después, Laura Citarella, productora general de El Pampero (y gran directora, claro), informó que habían programado una proyección de las tres partes (casi seis horas incluyendo dos intervalos) de Biografía de Jorge Luis Borges en la hermosa sala de DAC para... este martes. Nuevo cambio de rumbo y adiós a los hermanos Gallagher (curiosidad: tanto el larguísimometraje de Lllinás como el film sobre Oasis se estrenaron en la Mostra de Venecia con pocas horas de diferencia).
Pese a los insistentes pedidos en contrario, vimos Biografía de Jorge Luis Borges recién varios días después de su première mundial en Venecia (nada de andar enviando links con screeners). Un golpe al ego de la prensa argentina, que no pudo ver el film -como sí se acostumbra- antes del festival y publicar sus textos el minuto exacto en el que vence el embargo global. A El Pampero no le importan esas minucias: se han ganado el derecho de hacer las cosas cómo y cuándo quieren.
Llegamos a las 10 en punto (Citarella nos había advertido de ser extremadamente puntuales porque había que liberar la sala a eso de las 16), pero en la puerta de DAC nos informaron que había por lo menos 15 minutos de retraso y que debíamos esperar en la calle. Esa demora inicial, el inevitable café previo (muy bueno el “catering” de todo el evento) y los dos intervalos en medio de las tres partes del film sirvieron para que recordáramos otras “épicas” cinéfilas gentileza de El Pampero como las de La flor (casi 14 horas) y, en menor medida, las de Historias extraordinarias (poco más de cuatro horas) y Trenque Lauquen (casi cuatro horas y media). Soy un fan acérrimo de las (buenas) películas largas en sala y verlas en comunión con otros críticos y programadores (había varios amigos pero también otros que detesto) crea algo de mística compartida, de recuerdos que se atesoran para siempre (o al menos hasta que la memoria empiece a fallar: no falta tanto).
Finalmente, salimos de la DAC pasadas las 16.30. En mi caso, con un doble acelere: por el entusiasmo desbordante que me generó la película y por la cantidad delirante de tazas de café y vasos de Coca Cola que tomé antes y durante la proyección. Así que aquí estoy, después de este prólogo que seguramente habrá indignado a más de uno por banal e insustancioso, listo para -ahora sí- escribir sobre Biografía de Jorge Luis Borges.
La crítica "tradicional"
Reviso mis notas tomadas durante las casi 6 horas de proyección: 8 páginas. Deben ser récord (o casi). Uno escribe a tientas, a oscuras, mientras en pantalla Llinás lo hace en su cuaderno en lo que termina siendo un juego de espejos entre creador y espectador.
Estoy tentado de iniciar la reseña afirmando que Biografía de Jorge Luis Borges es casi una obra maestra. Lo de “casi” es porque la propia dinámica de la obra de Llinás, más que abundante en ideas, pletórica de búsquedas, desvíos y derivas, hace que a veces caiga en divagues o bromas menores, pero creo que no existe hoy en el cine argentino alguien con las ínfulas, las agallas, la libertad, el conocimiento y los recursos artísticos como para aproximarse como él lo hizo a una figura tan venerada y odiada, tan fascinante e incómoda a la vez, como la de JLB.
Conozco mucha gente que no se banca el tono, la voz en off, su cada vez más amplia presencia en cámara y el permanente uso de la primera persona que Llinás elige en cada uno de sus films (este bien podría llamarse Borges y yo), pero créanme incluso sus detractores que Biografía de Jorge Luis Borges es una película muy divertida, un ejercicio tanto literario como cinéfilo que se permite saltar del documental a la road movie, a la comedia, al musical y al western.
Nacida de un encargo (filmar una colección de objetos de y ligados a Borges perteneciente a una fundación en un galpón de Brooklyn), la película propone, en manos de Llinás, un viaje serpenteante, pendular y, sí, laberíntico para buscar los rastros de JLB por el mundo (de Buenos Aires a Ginebra pasando por Nueva York y Reikiavik, Texas y Cambridge, pero también por Montevideo y la zona fronteriza con Brasil, Adrogué, Coronel Suárez y... la Gran Muralla China).
Todavía no he respondido la pregunta del millón: ¿Qué piensa Llinás de JLB y cómo lo trata en su película? Lo primero que hay que decir es que está a años luz de ser una hagiografía y la tercera parte (en la que aborda con múltiples recursos, como reconstruir con la ayuda de su esposa y notable actriz Laura Paredes absurdas entrevistas periodísticas sobre, por ejemplo, su desconocimiento absoluto de la figura de Guillermo Vilas, o sus intervenciones públicas en favor de dictadores como Augusto Pinochet y Jorge Rafael Videla) no le quita ni un ápice de infamia (y hasta se anima a trazar un breve paralelismo con estos tiempos de Milei). Tampoco elude sus constantes declaraciones de odio hacia el peronismo, sus opiniones racistas, su rechazo hacia lo popular, su amor por lo inglés antes que por lo argentino o todas las actitudes detestables que hicieron que la Academia Sueca se negara a otorgarle el premio Nobel que su carrera literaria sí merecía.
Durante las casi 6 horas de metraje hay tiempo para indagar en detalle en los vericuetos, peripecias, curiosidades y secretos internos de su multifacética, inclasificable y exquisita obra. Para ello, Llinás comparte protagonismo con Ernesto Montequín, un experto en JLB con quien se convertirán en una suerte de Sherlock Holmes y Doctor Watson (con uso de lupa incluida en varios pasajes).
Juntos revisarán sus dibujos (que no son suyos), sus fascinantes increíbles manuscritos (en el que manejaba todo tipo de variantes en busca de la versión definitiva), fotos y cartas (a Macedonio Fernández, a su amigo Adolfo Bioy Casares, etc.), los lugares en que vivió o visitó y hasta las relaciones con las mujeres (de su madre a María Kodama, pasando por el patético matrimonio con Elsa Astete Millán).
Si Llinás y Montequín son los motores del relato, como en todo buen film hay aquí atractivos personajes secundarios como el de Nicolás Helft, cameos como el de Fernando Martín Peña proyectando en su casa-filmoteca una latas en las que aparecen Borges, Federico García Lorca y Walt Disney, y hasta algún villano en las sombras como Norman Thomas Di Giovanni.
Como en todas las películas de Llinás (y diría que en casi todas las de El Pampero) el viaje, el trayecto, el registro del proceso, la reivindicación del espíritu lúdico y de la aventura de enredos de hacer cine, es tan o más importante que el resultado final. De hecho, el director nunca sabe cómo terminar sus películas y, por lo tanto, imagina, esboza, prueba (fracasa) con distintos desenlaces que bien podrían ser otros al que quedó en el corte definitivo.
Lo que en principio puede parecer una acumulación algo caótica o desprolija de caprichos, arbitrariedades, pretensiones desmedidas y delirios termina adquiriendo una lógica, una cohesión, una justificación no en los términos convencionales del cine clásico e industrial, pero sí en el marco de un relato mutante y desconcertante como el que suele proponer Llinás. Y, si alguna escena no funciona del todo y queda como una gracia menor, si el auto-homenaje que el realizador se hace cuando se reencuentra con creaciones del arquitecto Francisco Salamone puede sonar extemporáneo, quedan como compensación más de cinco horas de hallazgos, sorpresas y misterios propios del mejor thriller de investigadores.
Y, hablando del cine dentro del cine, Biografía de Jorge Luis Borges incluye también un sentido y emotivo homenaje a dos “héroes” de la cinefilia como Hugo Santiago (fallecido en 2018) y Edgardo Cozarinsky (murió en 2024), quienes vivieron buen parte de su tiempo en París y además estuvieron ligados a la figura de Borges.
Entre la admiración artística, la curiosidad para encontrar los “otros” Borges (los más secretos), una mirada impiadosa a la intimidad del hombre y su obsesión por destruir el mito va transcurriendo un film con innumerables capas y niveles de lectura; mundano, accesible y revelador para quienes no son (no somos) expertos en JLB y absolutamente minucioso y lleno de guiños para los que sí han estudiado o al menos ahondado en los misterios de su literatura. Con una película graciosa, arrogante, atrevida, ponzoñosa, alejada por completo tanto del tributo como de la solemnidad, Llinás no solo está a la altura de semejante desafío sino que lo supera con una mezcla de elegancia y capacidad de provocación que escasean en el hoy por hoy bastante adocenado cine local.
PD: Salí de casa rumbo al cine poco antes de las 10 de la mañana, acabo de publicar el texto siendo las 19. El resumen del día podría titularse entonces 9 horas con Llinás.
PD 2: Afecto a superar todos los récords de larga duración, Llinás no pudo conseguir ese cetro en esta edición de la Mostra, ya que Joie de Vivre, documental de Luca Guadagnino sobre la vida y la obra de Bernardo Bertolucci, demanda sentarse en la butaca durante mas de 7 horas (435 minutos para ser exactos).
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