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FICValdivia 2025: Crítica de “La vida que vendrá”, de Karin Cuyul (Competencia Internacional)
La directora de Historia de mi nombre (2019) construye a partir de un extraordinario material de archivo una reflexión sobre el desencanto que -salvo irrupciones puntuales- marcó a la historia política de Chile durante el último medio siglo y cómo recuperar cierto idealismo y la fuerza para motorizar proyectos colectivos.
La vida que vendrá (Chile, Colombia/2025), de Karin Cuyul. Duración: 93 minutos. Estreno mundial en la Competencia Internacional.
El período de la Unidad Popular de Salvador Allende (1970-1973), la campaña por el No para el plebiscito del 5 de octubre de 1988, las celebraciones por el encarcelamiento en Inglaterra (1998-2000) y la muerte (2006) del dictador Augusto Pinochet, el estallido social que se desencadenó en octubre de 2019... Karin Cuyul enfoca su documental (en verdad un ensayo político) en aquellos momentos en los que la (centro)izquierda chilena apostó, creyó y militó por cambios reales, contundentes en una sociedad en muchos aspectos conservadora.
Y son, en verdad, crónicas de decepciones, de sueños incumplidos y -para decirlo sin eufemismos- de derrotas de movimientos populares en muchos casos bienintencionados, pero que resultaron incapaces de encaminar y cimentar vuelcos sociales concretos.
A partir de notables materiales de archivo (sobre todo los de los años '70), Cuyul va recorriendo los últimos 50 años de historia chilena sosteniendo varias premisas que irá explicando y desarrollando: un relato no cronológico (la historia nunca es lineal, nos dice), una película a todo color (alejada de la nostalgia y melancolía del blanco y negro), un film que no se dejará ganar por la tristeza (aunque en varios pasajes inevitablemente lo es) para romper con la solemnidad; y una reivindicación de la potencia y visceralidad de las filmaciones hechas por gente amateur que contrastan con de lo acartonado de los registros oficiales.
Proveniente de una familia de izquierda con padres que han sufrido el desgaste de tantas decepciones políticas, Cuyul intenta distanciarse de aquellos revolucionarios vencidos y hablarle a su generación, que también se ha contaminado de pesimismo y resignación, sobre todo cuando el sueño de aprobar una nueva Constitución progresista que reemplazara a la pinochetista se hizo añicos.
El principal problema de La vida que vendrá pasa por el (ab)uso del off de la propia directora, un relato omnipresente que tiene en principio dos o tres ideas interesantes, pero que luego son repetidas una y otra vez con muy pocas ampliaciones y profundizaciones. Así, esa narración por momentos demasiado didáctica, subrayada y simplista termina anulando la potencia de su portentosa investigación sobre los archivos, su lograda selección y articulación de fragmentos y el (des)orden en que los presenta, apostando a un muy interesante péndulo temporal.
Una nota final al margen: es muy impactante la calidad que tienen las filmaciones en 16mm de los años '70 (muchos de esos materiales se habían escondido, se perdieron durante muchos años y fueron encontrados recientemente) frente a la baja resolución y lo efímero de los videos tomados con cámaras digitales y celulares incluso hace poco, como durante el estallido de 2019.
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