Taquilla
Una comparación dolorosa
“Fue solo un accidente”, ejemplo contundente de las profundas diferencias cinéfilas entre Argentina y Francia
La película del iraní Jafar Panahi vendió casi 5.000 entradas en sus primeros cinco días en los cines locales, mientras que en Francia llegó a los 670.000 espectadores en todo su recorrido comercial.
Es cierto que la Palma de Oro tiene en Francia un significado artístico y una incidencia comercial muy fuertes, pero así y todo es muy llamativa la diferencia que se ha profundizado entre los números que un film como Fue solo un accidente puede conseguir allí y su convocatoria en las salas argentinas.
Veamos: el film de Jafar Panahi se estrenó el 1 de octubre pasado en 300 salas de Francia y en sus primeros 7 días fue visto por 222.000 personas (debutó en segundo lugar detrás de Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson) para ya prácticamente cerrar su carrera comercial con las apuntadas 670.000 localidades.
Si en Francia -donde hay apoyo público a las salas y a los distribuidores que estrenan cine de autor de todo el mundo y formación de audiencias en las distinta instancias de la formación escolar- Fue solo un accidente se lanza como un tanque con 300 copias (hay que acotar que es su representante al Oscar a Mejor Película Internacional), en la Argentina tuvo que luchar para conseguir 22 salas (lo habitual para films autorales en Argentina son salidas de entre 8 y 12 copias, por lo que hasta podríamos considerar al largometraje de Panahi como un tanque del cine de arte).
De hecho, los números conseguidos entre el jueves 4 y el lunes 8 no son malos, ya que la inmensa mayoría de las películas de autor no llegan aquí a 10.000 personas (en general ni a 5.000) en todo su recorrido. Fue solo un accidente, que debutó en un meritorio sexto puesto, cerrará el miércoles 10 su primera semana en cartel con unos 6.000 tickets vendidos y, teniendo en cuenta que es una de las películas clave de la temporada de premios, seguramente superará con mucha holgura esa barrera de los 10.000 tickets y probablemente también los 20.000.
Ahora, que el mismo film convoque en Francia, que tiene 67 millones de habitantes, a 670.000 personas y en la Argentina, donde viven 47 millones de personas, a apenas 20.000 habla del penoso estado no solo del negocio en general sino de la cinefilia en particular.
El cinéfilo argentino se acostumbró a ver películas pirateadas. Ya no quiere (o no puede por restricciones económicas) permitirse la experiencia de ir a una sala. El cinéfilo francés, en cambio, no abandona su “religión” que implica ir a la misa (a oscuras frente a una pantalla gigante) al menos una vez a la semana (o incluso más).
Otra cuestión a destacar es que la distribución de este tipo de películas se limita prácticamente a Ciudad de Buenos Aires (9 de las 22 salas en el caso del film de Panahi), a algunas pocas localidades en el GBA (cuatro copias) y eventualmente a algunas otras ciudades (dos en Mendoza, dos en Mar del Plata y una en La Plata, Necochea, Neuquén Rosario y Santa Fe).
Se trata, por lo tanto, de un fenómeno eminentemente porteño, algo que se traduce en la convocatoria. Los tres complejos que mejor funcionaron para Fue solo un accidente fueron:
Cinemark Palermo: 706 espectadores
Cinépolis Recoleta: 651 espectadores
Multiplex Belgrano: 484 espectadores
Es decir, solo estas tres salas se quedaron con casi el 40% del público que fue a ver el film del director iraní entre jueves y lunes, según los datos de Ultracine analizados por Otros Cines.
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El cinefilo que vive en el interior está condenado a ver estas peliculas en plataformas de streaming piratas o esperar que aparezcan en alguna plataforma de streaming legal. otro tema es que de lo que se estrena en cines la mayoría de las funciones las copias estás dobladas, lo cual en mi caso aborrezco. cada vez menos incentivos para ir al cine.