Críticas
El Rey del Once, de Daniel Burman
Regreso a las fuentes
Burman vuelve al universo de El abrazo partido y Derecho de familia con un film pequeño, sentido y entrañable.
El Rey del Once (Argentina/2016). Guión y dirección: Daniel Burman. Elenco: Alan Sabbagh, Julieta Zylberberg, Usher Barilka, Elvira Onetto, Adrián Stoppelman, Daniel Droblas, Elisa Carricajo, Dan Breitman y Uriel Rubin. Fotografía: Daniel Ortega. Edición: AndrésTambornino. Sonido: Catriel Vildosola. Diseño de producción: Margarita Tambornino. Distribuidora: Buena Vista International. Duración: 80 minutos.
Decir que El Rey del Once es un regreso a las fuentes, a la esencia de Daniel Burman, puede sonar como una afirmación conservadora, algo así como reivindicar lo ya conocido, lo ya transitado, lo ya probado con éxito. Pero, además de ser una frase cierta, en este caso es recuperar una convicción y una sensibilidad que el director había perdido en buena parte en El misterio de la felicidad, La suerte en tus manos y Dos hermanos.
En mi opinión El Rey del Once se queda uno o dos escalones por debajo de las notables Derecho de familia y El abrazo partido, pero eso no es lo importante (todo es materia discutible): lo esencial aquí es que Burman decidió revisitar, ya con 42 años y luego de una decena de largometrajes, las calles, el tipo de personajes, los temas y conflictos que lo marcaron y que artísticamente lo consagraron. Y, contra todo prejuicio, en vez de hacerlo con una película más grande, más ambiciosa, más digna de un autor prestigioso, lo hace con un film pequeño (por momentos quizás demasiado pequeño), pero siempre sentido y querible.
El alter-ego de Burman es Ariel (impecable Alan Sabbagh), un economista que no casualmente vuelve después de muchos años al barrio del Once donde creció y se formó tras haberse radicado en Nueva York e intentar sostener allí una complicada relación con una bailarina. Convocado por su padre, Usher (Usher Barilka), veterano e hiperactivo impulsor de una entidad benéfica (está inspirada en la fundación real Pele Ioetz) que se dedica a alimentar, vestir y ayudar en general a los judíos menos favorecidos, Ariel llega con la mirada curiosa, pero también algo cínica y extrañada del renegado. Torpe y algo patético, nuestro antihéroe se la pasará haciendo favores a Usher (que parece no tener ni un instante para dedicarle a su hijo) en las vísperas de la fiesta de Purim, mientras se irá obsesionando cada vez más por Eva (sobrio trabajo de Julieta Zylberberg), una muchacha religiosa que trabaja en la fundación y que en principio mantiene un absoluto silencio.
Comedia padre-hijo asordinada (con subtrama romántica también asordinada), El Rey del Once peca por momentos de una melancolía subrayada (las imágenes en súper 8 de las tapas de galletitas con dulce de leche) y de un pintoresquismo exacerbado (el uso del Citroen 3CV amarillo, algunos planos “de color” de la comunidad judía), pero nunca pierde el encanto ni la honestidad (de recursos y objetivos) a la hora de retratar ese universo dominado por reglas y convenciones propias. Por esa sinceridad y coherencia es que este regreso de Burman no significa un retroceso para refugiarse en lo seguro sino una valiosa manera de recuperar y repensar las obsesiones personales.
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Recién me topé con esta película en Netflix y dije vamos a ver qué tal... Y en definitiva, a pesar de leer tantas críticas que dicen que es una verdadera maravilla, me pareció horrible película. Aburrida hasta decir basta. Inconexa. Lenta. Estruendosa, a los 50 minutos pensé que llegaría lo mejor, pero jamás levantó. Es horrible.
ESPERANDO A USHER No es la mejor película de Daniel Burman. No obstante, sale airosa apoyada en las muy buenas actuaciones de su elenco, en el cual destacan la participación de Alan Sabbagh como Ariel y Julieta Zylberberg como Eva. Todos los detalles de producción son excelentes y la dirección de Burman lleva a la comedia con soltura procurando generar un entretenimiento adulto. Un único punto débil de la pelicula es la cita de ciertos ritos religiosos, cuya comprensión no queda clara para aquellos que no practican la religión judía aunque su conocimiento no es clave para entender la película. COMENTARIO COMPLETO: http://thecharlysmovies.blogspot.com.ar
Ojo: tiene Spoliers. Después de leer el paso de la peli por el Festival de Berlín, fui a ver la película con grandes esperanzas, que fueron prontamente defraudadas. Da la sensación que a Burman no le preocupó demasiado el guión ni las interpretaciones, que en la mayoría de los casos son planas. El protagonista deambula por toda la película sin saber lo que le esta pasando, pero sin comunicarlo al espectador. La idea del encuentro ente dos mundos (el de este joven economista en EEUU y su llegada al barrio a un Once muy estereotipado) no se produce nunca: no hay dos mundos. Hay uno sólo y ...confuso. Se repiten escenas permanentemente (las colas, la búsqueda de celulares, la tía apurada) diálogos (el padre que llama por celular, el carnicero...). Un capitulo aparte es el personaje de la religiosa judía: pasa de mudita a "femme fatal" en...4 dias!!!! ¿Realismo mágico kosher? ¿o estábamos viendo otra película? Me acordé después de una película de Peter Weir, "Testigo en peligro", donde podrían encontrarse puntos de contacto. El protagonista (Harrison Ford) se refugia en una comunidad Amish y se enamora de una mujer allí. Es claro el choque entre dos mundos, la imposibilidad del encuentro y sin embargo avanzan irremediablemente hasta concretarlo. Hay otras escenas fallidas (el comedor popular, larguísimo; el momento voyeur -inexplicable según los rígidos sistemas de la sinagoga que establecen la separación por sexos, las referidas colas de gente reclamando algo...). Y sobre todo la chata actuación del personaje principal, que no transmite nada de lo que le está pasando (otra referencia posible sobre lo no hecho: "Despues de hora", de Scorsece). Totalmente desaprovechado: el conflicto con el padre ausente. Ojo, tampoco es un desastre: 5 puntos estaría más que bien.
Creo que a veces retroceder e avanzar -sino que lo digan los politicos de ahora-. Ello es lo que le permitiò a Burman, volviendo a sus primeros amores, entregar esta formidable pintura de ambiente, de un barrio, de una comunidad, de una modalidad obstinada y endiablada de solidaridad. El atribulado protagonista, recièn llegado de NYC, con padre abandònico pero omnipresente y novia tambien abandònica y ausente, recorre el relato caòtico pero tambièn delicioso,de reencuentro con sus raìces. Quien mejor que Zylberberg -con su conocida versatilidad interpretativa- para encarnar a esa religiosa ultrra casi mudita pero con una insòlita capacidad de seducciòn. Ella serà, en el final, el premio por su reencuentro con su esencia, cuando la sube a su tambièn insòlito y coqueto Citroen amarillo.
Riquelme...?????
un detalle: si querés ver El rey del Once en una sala de la cadena Cinemark, tenés que ir a Palermo o a Puerto Madero. la idea debe ser que el público de la película no se parezca a los personajes de la película...