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Crítica de “Viaje a los pueblos fumigados”, de Fernando “Pino” Solanas
Tras Memoria del saqueo, La dignidad de los nadies, Argentina latente, La próxima estación, Tierra sublevada: Oro impuro, Tierra sublevada: Oro negro y La guerra del fracking, el mítico cineasta explora las consecuencias económicas, sociales y medioambientales del uso de agrotóxicos y la sojización de la Argentina en este documental que pasó por la Berlinale y el BAFICI.
Viaje a los pueblos fumigados (Argentina/2018). Guión y dirección: Fernando Solanas. Fotografía: Fernando Solanas y Nicolás Sulcic. Música: Mauro Lázzaro. Edición: Juan Carlos Macías, Alberto Ponce, Nicolás Sulcic y Fernando Solanas. Sonido: Tomás Bauer. Distribuidora: Primer Plano. Duración: 97 minutos. Apta para mayores de 13 años. Salas: 7 (Gaumont, Showcase Norte, Showcase Córdoba, Cinemark Puerto Madero, Hoyts Quilmes, Cinema Paradiso de La Plata y MALBA).
El infatigable y perseverante Pino Solanas sigue con su serie de documentales sobre el saqueo de los recursos naturales por parte del poder político y económico. En este caso, se centra en los efectos de la deforestación, cultivo a gran escala de la soja transgénica y los efectos arrasadores para el medio ambiente y sobre todo para la salud de la población de los agrotóxicos.
El film comienza con imágenes de los desmontes y la situación miserable de los wichís que van siendo cercados y despojados de sus tierras y de sus escasas riquezas en el norte argentino. Luego, Pino recorrerá buena parte del país (desde Salta hasta Santa Fe y Mar del Plata) mostrando los estragos que causan multinacionales como Monsanto (incluido el negocio de las patentes), la crisis de los pequeños y medianos productores que se ven obligados a alquilar sus campos a las corporaciones aumentando cada vez más la concentración de tierras y las voces que se levantan ante esta realidad silenciada por los principales medios de comunicación.
El director expone en toda su dimensión los efectos nocivos del glifosato que se fumiga desde aviones sin ningún tipo de control. Así, miles de bebés hoy nacen con malformaciones y los niños contraen enfermedades muchas veces incurables. En un pasaje que recuerda al cine de Michael Moore (o, más aún, al Morgan Spurlock, de Super Size Me), Solanas se realiza ante cámara unos análisis de sangre que confirman que él también (como todos nosotros) tiene plaguicidas en su cuerpo (además de dermatitis y urticarias por visitar en persona las zonas de riesgo).
Orgullosamente didáctico y con espíritu de denuncia, Viaje a los pueblos fumigados es un complemento de la actividad política del hoy Senador. Pero no se queda solo en la exposición de los horrores que se cometen a diario (y las complicidades de quienes deberían controlarlos), sino que además muestra otros modelos posibles: desde investigaciones del INTA hasta luchas por la “soberanía alimentaria”, pasando por la exaltación de productores que trabajan sin tóxicos y proyectos de agroecología integral a pequeña escala. Son unos 40 los testimonios que Solanas condensa en este trabajo que no será revolucionario en su forma (es el propio off del director el que explica muchas de las problemáticas), pero sí resulta tan valioso como necesario.
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