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Crítica de “A febre”, de Maya Da-Rin, ganadora del premio a Mejor Actor y del premio FIPRESCI (Concorso Internazionale) - #Locarno72
La ópera prima de ficción de esta directora brasileña fue una de las principales revelaciones de la 72ª edición de la muestra suiza y pronto se verá en la sección Wavelenghts de Toronto.
-A febre / The Fever (Brasil-Francia-Alemania, 98'), de Maya Da-Rin
Tras una larga trayectoria en el cortometraje, el documental y las instalaciones, la carioca Maya Da-Rin debutó en el largometraje con una película notable a la hora de abordar la cuestión indígena desde la ficción (aunque con una larga investigación previa y recursos propios del documental), sin caer en pintoresquismos, paternalismos ni esa denuncia horrorizada tan habitual de la corrección política.
Justino, un hombre de 45 años que proviene de la tribu de los Desana, se ha radicado desde joven en la ciudad norteña de Manaos, donde se gana la vida con un trabajo bastante rutinario como guardia de seguridad en el puerto. El protagonista (que ha enviudado hace poco) vive con su hija Vanessa (Rosa Peixoto), quien tiene un puesto como enfermera en una clínica de esa zona amazónica, pero cuando a ella le confirman una beca para estudiar medicina en Brasilia todo cambia. El buen hombre siente en principio una mezcla de orgullo y felicidad, pero -la procesión va por dentro- también algo de angustia por el abandono y la soledad que se avecina. Una extraña fiebre (porque en principio no tiene síntoma alguno) se le desata de a ratos. ¿Una reacción puramente psicológica?
Con una narración precisa, inteligente y austera, Maya Da-Rin construye una película que en ciertos aspectos dialoga con El custodio, de Rodrigo Moreno; Gigante, de Adrián Biniez; y Chuva é cantoria na aldeia dos mortos, de João Salaviza y Renée Nader Messora, pero con un universo y un vuelo propios. Ninguna de las decisiones formales o dramáticas (como el uso en buena parte de los diálogos en Tukano, la lengua original de los Desana, la aparición de otro guardia de seguridad de pura estirpe “bolsonarista”, la visita de familiares que ofrecen un punto de vista diferente al de Justino) parece forzada, calculada o impostada.
El film trabaja con rigor y convicción las contradicciones y dilemas de aquellos exponentes de los pueblos originales que se debaten entre integrarse o no a la sociedad “moderna”, la incomodidad y el racismo latente (y por momentos evidente) tan propios de la vida urbana, así como las diferencias generacionales (es muy querible el retrato de la relación padre-hija). Sin subrayados, con sutileza y sensibilidad, aprovechando la simpleza y la humanidad de sus intérpretes (Regis Myrupu ganó el premio a Mejor Actor en Locarno), la directora concibió una de las óperas primas más convincentes del cine latinoamericano de los últimos años.
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