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Crítica de “Hamilton”, de Thomas Kail, con Lin-Manuel Miranda (Disney+)
La versión para streaming del musical alcanza a transmitir en toda su dimensión el talento y creatividad que se desrprenden de este éxito de Broadway.
Hamilton (Estados Unidos/2020). Dirección: Thomas Kail. Book. Guion, música y letras: Lin-Manuel Miranda, inspirado en el libro Alexander Hamilton, de Ron Chernow. Elenco: Lin-Manuel Miranda, Daveed Diggs, Renée Elise Goldsberry, Jonathan Groff, Christopher Jackson, Jasmine Cephas Jones, Leslie Odom Jr., Okieriete Onaodowan, Anthony Ramos, Phillipa Soo.Fotografía: Declan Quinn. Edición: Jonah Moran. Coreografía: Andy Blankenbuehler. Duración: 160 minutos. Disponible en Disney+ (Estados Unidos).
Primero, un poco de contexo: Hamilton es un musical sobre la vida de Alexander Hamilton, uno de los “padres fundadores” de los Estados Unidos, concebido y protagonizado por Lin-Manuel Miranda, que se estrenó en febrero de 2015 en el Teatro Público de Nueva York. Tras medio año en ese ámbito del off, se mudó a Broadway (más precisamente a la tradicional sala Richard Rodgers de 1.300 butacas), donde se convirtió en uno de los mayores éxitos de los últimos tiempos tanto a nivel de crítica como de taquilla y de premios (ganó 11 estatuillas en los Tony).
En medio de la pandemia del COVID-19, con la inmensa mayoría de las salas de cine aún sin reabrir, los teatros de Broadway cerrados hasta por lo menos inicios de 2021 y coincidiendo con una nueva celebración del 4 de julio (Día de la Independencia de los Estados Unidos), la plataforma de streaming Disney+ decidió lanzar esta versión filmada del notable musical, por cuyos derechos pagó nada menos que 75 millones de dólares. No se trató, de todas maneras, de poner simplemente la cámara y que los actores/bailarines/cantantes hicieran lo suyo, pero tampoco de traicionar la dinámica propia de la obra. Así, en ese delicado equilibrio entre el mero teatro filmado y la falsedad de armar todo en función de las 9 cámaras utilizadas se mueve esta ¿película? rodada durante tres jornadas de junio de 2016 por Thomas Kail (el mismo director del musical original), que transmite en toda su dimensión la energía, la potencia, el talento y la inteligencia artística y política de Hamilton.
Alexander Hamilton (1757-1804) es reconocido como uno de los padres fundadores de los Estados Unidos junto a figuras como George Washington, John Adams, Benjamin Franklin y Thomas Jefferson. Economista, estadista, político, escritor y abogado, fue muy influyente en la lucha por la independencia, en el diseño de la Constitución, se desempeñó como el primer secretario del Tesoro (se lo considera el creador del sistema financiero de ese país) y hasta fue el fundador del diario The New York Post. Además, se lo puede ver en cada billete de 10 dólares...
Para alguien que como quien esto escribe está muy lejos de ser un experto y un fan de los musicales, Hamilton es una demostración de la inmensa jerarquía de este género en la Meca de Broadway: Lin-Manuel Miranda, un artista de origen portorriqueño, es el hombre-orquesta del proyecto (concibió desde la historia hasta las canciones), aunque cabe indicar que a nivel de canto y expresividad debe ser de lo más flojo del brillante elenco. Una mención especial, en este sentido, para Jonathan Groff (uno de los dos protagonistas de la serie Mindhunter), quien se luce al máximo en cada una de sus hilarantes apariciones como el rey Jorge III.
Pero tampoco es justo destacar a unas sola figura. Hamilton tiene un número mejor que el otro, se lucen los solistas ocasionales, pero también cada uno de los que aparecen bailando o haciendo coros en el fondo. Es un trabajo de una maestría excepcional (la música, entre el pop y el hip hop, es brillante), que hace que sus 160 minutos no abrumen jamás, ni siquiera a quienes no estamos habituados a este registro. Es verdad que a quienes no conocemos en detalle la historia de los Estados Unidos se nos escapan unas cuantas sutilezas, matices, guiños y referencias, pero Hamilton es una obra trascendente y -a pesar de estar ambientada a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX- profundamente vigente, aunque sus ideales progresistas y multiculturales estén más ligados -claro- a la Generación Obama que a la funesta era neoconservadora de Donald Trump.
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Gracias Diego. Acabo de ver el musical y he quedado sorprendido por el tremendo despliegue escénico y el batallón de canciones casi todas muy pegadizas creadas por Miranda. Solo queda escuchar el soundtrack en Spotify. Saludos.