Críticas
Estreno en cines
Crítica de “Godzilla vs. Kong”, de Adam Wingard, con Alexander Skarsgård, Rebecca Hall y Millie Bobby Brown
Godzilla y Kong ya suman unas 50 películas entre producciones tanto provenientes de Japón como de Hollywood. Este nuevo crossover propone un festival de efectos visuales para desarrollar los impactantes duelos entre gigantes, pero el resto de las casi dos horas son de una precariedad dramática alarmante y decepcionante.
Godzilla vs. Kong (Estados Unidos/2021). Dirección: Adam Wingard. Elenco: Alexander Skarsgård, Rebecca Hall, Millie Bobby Brown, Brian Tyree Henry, Kaylee Hottle, Kyle Chandler, Eiza González y Demián Bichir. Guion: Eric Pearson y Max Borenstein. Fotografía: Ben Seresin. Música: Junkie XL. Edición: Josh Schaeffer. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 113 minutos. Apta para mayores de 13 años.
Buena parte de los escasos atractivos de Godzilla vs. Kong están en varias imágenes anticipadas en el trailer: por un lado, el gigante japonés surgido de los ataques atómicos y con ya casi 40 películas sobre el lomo; por el otro, el aún más viejo y no menos enorme simio de la Isla Calavera al que venimos viendo desde 1933. Aunque cerca del final hay una vuelta de tuerca que no tenemos intenciones de spoilear aquí, el tan mentado “duelo de titanes” es casi lo único que tiene para ofrecer una producción que hace agua por todos lados: personajes sin vuelo, profundidad ni encanto, resoluciones y “justificaciones” absurdas hasta lo inverosímil. El sindicato de guionistas debería someter a Eric Pearson y Max Borenstein a un juicio por mala praxis y retirarles la membresía.
Lo más triste del asunto pasa por ver a muy buenas intérpretes como Rebecca Hall o la ascendente Millie Bobby Brown (la Once de Stranger Things) sometidas a personajes sin matices ni encanto (en los casos de Kyle Chandler y Eiza González sus aportes son poco más que los de un cameo). De hecho, lo mejor en ese terreno es la Jia de Kaylee Hottle, una niña sordomuda que logra comunicarse con Kong a través de señas. El resto son meros engranajes de una maquinaria cuyo objetivo es que transcurran como sea los minutos de “trama” (el traslado de Kong al centro de la Tierra, los abusos de la organización Monarch y de una corporación llamada Apex con sede en Hong Kong) hasta llegar a lo único que realmene importa: las peleas mastodónticas.
Es cierto que las películas de kaijus con su espíritu clase B nunca exigieron mucho más que impacto y espectacularidad, pero a esta altura de la evolución del cine uno querría en un tanque de estas dimensiones al menos una excusa dramática medianamente atractiva y no esta acumulación de escenas sin demasiado sentido ni progresión.
Los que extrañábamos el cine en el cine (pantalla gigante, sonido de última generación) encontramos en las escenas de acción, en esos combates cuerpo a cuerpo entre los monstruos del título, un motivo de regocijo luego de tan larga espera. Es cierto que esperábamos algo con mucha fuerza, muchos golpes y mucho ruido como lo que construyó el director Adam Wingard (Cacería macabra, The Guest), pero pasada la adrenalina inicial es muy poco lo que en materia pura, estrictamente cinematográfica nos regala ese nuevo crossover entre Godzilla y Kong.
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