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Crítica de “Mi país imaginario”, de Patricio Guzmán (Funciones Especiales) - #Cannes2022
El estallido popular y los profundos cambios chilenos, según la particular mirada política y generacional del mítico documentalista.
Mi país imaginario (Francia-Chile/2022). Guion, narración y dirección: Patricio Guzmán. Fotografía: Samuel Lahu. Edición: Laurence Manheimer. Música: Jose Miguel Miranda y José Miguel Tobar. Duración: 83 minutos.
Patricio Guzmán comienza Mi país imaginario hablando de El primer año (1972) y su amistad de Chris Marker y lo termina con imágenes de Salvador Allende mientras suena La muralla en la versión de Quilapayún. Está claro, entonces, desde dónde parte y hasta dónde llega alguien que tiene 80 años, fue parte del gobierno de Allende y está radicado desde hace décadas en Francia.
En ese sentido, puede haber algo de oportunismo en la idea de “apropiarse” de un proceso social que él comenzó a filmar un año después de los estallidos de octubre de 2019, pero al mismo tiempo nadie puede quitarle la oportunidad (a él ni a nadie) de ofrecer una mirada sobre un tiempo histórico que de alguna manera -y así lo dijo Gabriel Boric en su discurso de asunción- tiene como referente a aquel gobierno de la Unidad Populr entre 1970 y 1973.
La narración en off de Guzmán y diría que todo el documental tienen objetivos más bien didácticos y pensados para un público global. Para los chilenos -más allá de las bellas imágenes, las buenas ideas y cierto lirismo que siempre consigue el director- se trata de una aproximación bastante básica y superficial, aunque varios de los testimonios (de estudiantes de fotógrafas, de médicas, de cineastas, de escritoras, de rescatistas, de politólogas, de convencionales constituyentes y de manifestantes que perdieron ojos por la represión) hacen aportes valiosos.
Guzmán decidió que todos los testimonios de Mi país imaginario fueran de mujeres y, si bien está claro que muchos de los liderazgos estuvieron a cargo de feministas luchando contra el patriarcado y las desigualdades- es bastante curioso que ningún hombre haya tenido nada para aportar. Salvo el propio Guzmán, claro.
El director de La batalla de Chile y Nostalgia de la luz traza inevitables paralelismos y conexiones entre aquella revolución inconclusa y esta en pleno proceso que ya está teniendo un fuerte rechazo por parte de los sectores más reaccionarios y concentrados del establishment.
Si bien creo que el estallido y la lucha popular de estos últimos años merece miradas más jóvenes, viscerales y “desde adentro”, Guzmán pudo construir un relato potente, por momentos poético (con las piedras como símbolo) y conmovedor que llegó hasta la Meca del universo cinematográfico como es el Festival de Cannes. Quizás veamos propuestas más arriesgadas e innovadores en ámbitos menos ilustres y prestigiosos. Yo, al menos, las espero con ansias.
Así fue la presentación de Patricio Guzmán antes de la proyección de MI PAÍS IMAGINARIO, su documental sobre la revuelta de Chile #Cannes2022 pic.twitter.com/RPfHWE658Y
— Diego Batlle (@dmbatlle) May 20, 2022
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Con la autoridad que significa haber filmado LA BATALLA DE CHILE en 1973, un documental emblemático que hasta el día de hoy representa un ejemplo de cine social latinoamericano de alto nivel, un grande como Patricio Guzmán decide filmar este documental que se refiere a las jornadas de lucha de octubre del 2019 donde el pueblo chileno salió a la calle a rebelarse contra el poder representado no sólo por grandes corporaciones privadas sino por la gran mayoría de la dirigencia política. A las imágenes de la rebelión popular el director le agrega algunas reflexiones y el testimonio de 14 mujeres: una joven madre, una estudiante, una fotógrafa, una rescatista, una periodista, una dirigente barrial, una cineasta, una politóloga, una médica, una poeta que forma parte de un colectivo llamado Las Tesis, una ajedrecista, una psicóloga, una dirigente feminista y una dirigente mapuche. La elección de Guzmán pretende fijar un liderazgo de las mujeres y de la juventud dentro de una extraordinaria movilización popular que logró un triunfo contundente en un plebiscito posterior en donde el 80% votó poner fin a la constitución del dictador Pinochet. Esta excelente película, viniendo de un director radicado hace muchos años en Europa, puede haber dejado seguramente temas que tratar. No soy un experto en la historia de Chile para afirmar qué pudo haber faltado testimoniar pero como amante del cine me rindo ante Guzmán que a los 80 años me sigue conmoviendo desde las imágenes y desde los testimonios.(9/10)
Lo que se cuenta en esta película no es real. El director (que no vive en Chile), cuenta una historia que no es lo que realmente está sucediendo en Chile y en Latinoamérica. Una pena que esta película distorsione la realidad y tantas personas vean algo que no es real.