Críticas
Estreno en cines
Crítica de “Parpadea dos veces” (“Blink Twice”), película de Zoë Kravitz con Naomie Ackie y Channing Tatum
La celebrada actriz debuta en la dirección con una sangrienta fábula de impronta feminista que contó con el aporte no solo de Ackie y Tatum sino también de un amplio elenco de figuras integrado -entre otros- por Christian Slater, Simon Rex, Adria Arjona, Haley Joel Osment, Geena Davis y Kyle MacLachlan.
Parpadea dos veces (Blink Twice, Estados Unidos/2024). Dirección: Zoë Kravitz. Elenco: Naomie Ackie, Channing Tatum, Christian Slater, Simon Rex, Adria Arjona, Haley Joel Osment, Geena Davis, Kyle MacLachlan, Alia Shawkat y Levon Hawke. Guion: Zoë Kravitz y E.T. Feigenbaum. Fotografía: Adam Newport-Berra. Edición: Kathryn J. Schubert. Música: Chanda Dancy. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 102 minutos. Apta para mayores de 16 años.
A Zoë Kravitz la conocíamos como actriz (la Robyn 'Rob' Brooks de la serie Alta fidelidad, la Bonnie Carlson de Big Little Lies, la Selina Kyle de Batman, la Angela Childs de Kimi: Alguien te está escuchando), pero no como realizadora y, más allá de las inevitables controversias que generará Parpadea dos veces por cuestiones que exceden lo cinematográfico (es un iracundo manifiesto de la era post #MeToo), estamos frente a una directora y guionista de indudable talento, imaginación y potencia.
Sátira social marcada por el humor negro, thriller psicológico con elementos propios del cine de terror y las historias de venganza, Parpadea dos veces “dialoga” de a ratos con Midsommar: El terror no espera la noche (Ari Aster), El menú (Mark Mylod), El tríangulo de la tristeza (Ruben Östlund) y el cine de Jordan Peele (¡Huye!, ¡Nop!), pero a diferencia de esas miradas masculinas aquí el punto de vista sobre el machismo, el empoderamiento femenino, la sororidad y la cancelación alcanza un nivel de provocación, de desafío y hasta de incomodidad poco habituales en una producción mainstream (Amazon / MGM financió este proyecto y en buena parte del mundo la distribuye Warner).
Frida (Naomi Ackie, la Whitney Houston de Quiero bailar con alguien) es contratada como camarera para una glamorosa gala benéfica organizada en Nueva York por King-Tech, la fundación de un magnate de la industria tecnológica llamado Slater King (Channing Tatum). Lo cierto es que en determinado momento de la velada ella deja de servir champagne y junto a su mejor amiga Jess (Alia Shawkat) se calzan ajustados vestidos e irrumpen en el corazón de la fiesta VIP. Slater no tarda en fijar su atención en Frida y a las pocas horas ellas estarán viajando en un avión (privado) rumbo a una paradisíaca isla tropical (privada) junto a la troupe del empresario que integran desde patéticos colaboradores y amigos como Vic (Christian Slater), Rich (Kyle MacLachlan), Tom (Haley Joel Osment), Lucas (Levon Hawke), Cody (Simon Rex), un chef con ínfulas de gurú new age; la asistenta Stacy (Geena Davis) y Sarah (Adria Arjona, vista hace poco en Cómplices del engaño / Hit Man), quien durante mucho tiempo participó en el popular reality Survivor.
Lo que en principio es una celebración del hedonismo regada por añejos e impagables vinos, comilonas y drogas lisérgicas, mientras suenan temas de James Brown, todos bailan y disfrutan de la piscina y los jardines, va adquiriendo con el correr de la poco más de hora y media de metraje una dimensión cada vez más inquietante y enfermiza.
No conviene adelantar absolutamente nada, pero hay que advertir que Zoë Kravitz no se anda con chiquitas. Quien busque algún atisbo de austeridad y sutileza en los retratos psicológicos se topará con un torbellino que por momentos apela a algunos simbolismos obvios y cae en cierta unidimensionalidad, pero que jamás deja de fascinar, impactar y -a su manera- entretener. Las actuaciones de Ackie y de Tatum (muy alejado de sus trabajos habituales y siempre convincente en un papel que tiene bastante de villano) son también hallazgos de una directora que con un presupuesto limitado (20 millones de dólares) ha construido en esa “isla de las fantasías” una desoladora y demoledora fábula, alegoría y denuncia sobre el estado de las cosas en el cínico, hipócrita y tóxico universo de los ricos, famosos y poderosos. Si luego de ver Parpadea dos veces alguien recuerda los casos de Jeffrey Epstein, Harvey Weinstein y Bill Cosby no se trata de una mera coincidencia.
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