Críticas
Rush Hour 3, de Brett Ratner
Fórmula 3
En 1998, Chris Tucker, Jackie Chan y el director Brett Ratner concibieron una adrenalínica y entretenida mezcla de policial, artes marciales y comedia física con estructura de buddy-movie entre un cómico negro (Chris Tucker) y un astro de Hong Kong (Jackie Chan) . Hoy, la receta ya parece agotada. Lo que alguna vez fue una Ferrari del entretenimiento en esta tercera parte parece casi un Fitito.
Hace casi 10 años, el trío conformado por el director Brett Ratner, el cómico afroamericano Chris Tucker y el astro asiático Jackie Chan dio vida a una simpática, leve, entretenida buddy-movie que se burlaba de los estereotipos y de la corrección política, que permitía el lucimiento de sus dos protagonistas en lo que mejor les sale (el show unipersonal en el caso del negro y las escenas de riesgo y artes marciales del hongkonés) y entregaba sorprendentes secuencias de acción jugadas siempre al extremo, al delirio y al absurdo.
Hace seis años llegó la inevitable secuela y el trío pasó raspando el examen (artístico), mientras que -para disfrute de los productores- superaba con creces el económico. Ahora, estamos en presencia de la tercera y a todas luces innecesaria parte, que jamás fluye, que parece demasiado artificial, previsible, como construida en laboratorio, manejada a distancia, con piloto automático, incluso hasta con cierto desgano, sabiendo que la simple aplicación de los ingredientes anteriores asegura un producto que los consumidores del fast-cine englutirán igual.
Pero Ratner no se arriesga un centímetro y filma a París con ojos de turista novato (decenas de tomas de la torre Eiffel), mientras aplica el elemental guión de Jeff Nathanson (Rush Hour 2, Atrápame si puedes, La terminal, Máxima velocidad 2) con la docilidad esperable: una escena de acción, una cómica, una erótica, un mini show de Tucker, un chiste sobre los negros, otro sobre los chinos y vuelta a empezar con el ciclo.
Lo peor es que las secuencias de acción no son nada del otro mundo (una buena comparación podría ser la solideza de la reciente y ampliamente superior Duro de matar 4.0), las bromas tienen una efectividad de mediana para abajo, Jackie Chan luce, a los 53 años, demasiado viejo para hacer bien lo que solía hacer de manera genial, y Tucker al principio divierte y al final abruma, como un adolescente tardío que no tiene límite.
Así, sin grandes hallazgos ni emociones, transcurren los 90 minutos de Rush Hour 3, que no indignan, pero que resultan decididamente intrascendentes. Lo que supo ser alguna vez un bólido cinematográfico digno de la Fórmula 1, hoy es un tercer y mediocre producto más propio de una carrera de Fórmula 3.
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