Críticas
Estreno en cines
Crítica de “Juega o muere” (“All Fun and Games”), película de Ari Costa y Eren Celeboglu con Natalia Dyer y Asa Butterfield
Mediocre combinación entre el thriller adolescente y el terror ambientada en Salem.
Juega o muere (All Fun and Games, Estados Unidos/2023). Dirección: Ari Costa y Eren Celeboglu. Guion: Ari Costa, Eren Celeboglu y J. J. Brainder. Elenco: Natalia Dyer, Asa Butterfield, Benjamin Ainsworth, Laurel Marsden, Kolton Stewart y Annabeth Gish. Música: Alex Belcher. Fotografía: Ricardo Diaz. Distribuidora: Diamond Films. Duración: 75 minutos. Apta para mayores de 16 años.
Si bien adquirió masividad gracias a la serie Sex Education, el rostro de Asa Butterfield siempre estará asociado al de ese huérfano pobre y soñador que protagonizó La invención de Hugo Cabret. Doce años después de la película de Martin Scorsese, aquel chico es un hombre de 26 años cuyos ojos turquesa siguen brillando, aunque ya no por la sorpresa y la materialización de la fantasía.
Juega o muere transcurre en Salem. No hay que ser un genio para suponer que los mitos, las leyendas y/o los fantasmas de las brujas cazadas harán de las suyas. Y así ocurre en esta previsible, anodina y de factura estrictamente imitativa historia acerca de unos jóvenes que deben quedarse en casa con Jonah (Benjamin Ainsworth), el hermano menor de uno de ellos, que poco antes no tuvo mejor idea que agarrar un cuchillo engualichado.
Al agarrarlo, comienzan visiones del pasado y voces susurrándole órdenes que él, como poseído, cumple. Esa maldición pasa al hermano mayor (Butterfield), desatando una faena que los directores Ari Costa y Eren Celeboglu muestran sin explicitud o directamente dejan fuera de campo. Porque Juega o muere no es una película gore, sino una que replica la fórmula de hacer caer uno a uno a los integrantes del grupo, adosándole la búsqueda de una solución por parte de Jonah y su hermana (Natalia Dyer, de la serie Stranger Things).
El módico suspenso logrado por algunas escenas (especialmente la de la linterna) y la bienvenida apuesta por ir directo al hueso –dura 75 minutos– colocan a Juega o muere apenas un escaloncito por encima de las películas más adocenadas del rubro.

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