Columnistas
Desafíos del cine y la crítica en la era de las redes sociales
Por Cynthia Sabat
El consumo de las películas está cambiando de manera vertiginosa y, por lo tanto, tanto las formas de producción como las de análisis tradicionales están en crisis. Esta nota analiza con inteligencia esta tendencia en tiempos de web 2.0.
La web 2.0, plataforma digital en la que los sitios actúan como lugares de encuentro; donde los consumidores se convierten también en productores (prosumers) y donde se puede compartir imágenes, audio, video y texto en forma instantánea con miles de usuarios alrededor del planeta, nos impone desafíos a cada instante. ¿Cómo saber quien se esconde detrás de un nombre de usuario? ¿Cómo saber que un dato levantado de Wikipedia es verdadero? ¿Cómo comprobar que un video subido por un usuario no es trucado? ¿Cómo conocer la fuente de una información que fue replicada miles de veces como un virus? La masificación exponencial de Internet y su relativa democratización (no olvidemos a los más de mil millones de pobres en el mundo que difícilmente tengan alguna vez acceso a ella), dio como resultado un verdadero caos de contenido que tiende a mezclar y unificar todo lo escrito a un mismo nivel. Comentarios de usuarios, cables de agencias de noticias, opiniones de bloggers, todo tiende a ser (y parecer) la misma cosa en la web. Esto plantea un doble reto: para quienes buscan información, el desafío es saber “leer” una búsqueda (más allá de los links que nos devuelva Google); para quienes la producen, es llegar a los lectores con la máxima precisión y fidelidad.
El periodismo en general, y en particular la crítica cinematográfica, no escapa a los peligros que imponen las redes sociales. Los beneficios que ofrecen Facebook, Myspace, Twitter o Sonico a la hora de diseminar información de forma casi instantánea están claros, pero no así sus riesgos.
Aclaremos antes un concepto: La crítica cinematográfica se divide en dos tipos con características distintas. Por un lado, la crítica académica, que apunta a un lector experto, y realiza un análisis metódico a partir de saberes como la teoría y la estética cinematográfica. Este tipo de crítica se encuentra en publicaciones académicas y especializadas, y no apunta a crear en el lector la expectativa de ver el film ni se rige por la actualidad. Por otro, la crítica periodística, que se publica en diarios, revistas y blogs, y suele apuntar a un lector que pretende enterarse de los estrenos. El lector busca información y opinión, que muchas veces se ve graficada (y reducida) en las cuestionadas estrellas que acompañan el texto, o acompañadas de las carteleras de cine, para saber dónde ir a ver determinado film. De estos dos tipos de crítica, la crítica periodística es la que fue puesta en crisis por la web 2.0. La incansable actividad de los prosumers puso en jaque a los periodistas especializados y a los críticos, al presentar batalla con una bandera tan estimulante como perturbadora: todos somos críticos de cine. Esta afirmación parece verdadera, pero ¿lo es realmente? La libertad que cada usuario tiene de dar su opinión sobre determinado film, pone en juego la responsabilidad que le cabe al crítico a la hora de defender su tarea: los críticos cinematográficos tienen el gran desafío de formarse y de producir textos de alta calidad, alejados del maniqueísmo del “me gustó-no me gustó”, donde el lector encuentre una visión, una argumentación y un análisis a la vez rico y profundo. La firma es de vital importancia en una crítica cinematográfica; el lector-usuario de la web debe saber “leer” quién es la persona que firma un texto crítico. Por otra parte, el periodista de cine tiene en la web 2.0 un lugar privilegiado para hacer circular sus textos. No es raro encontrar que la mayoría de los críticos de cine de los medios masivos de comunicación tengan sus propios blogs, donde no suelen reproducir lo que publican en sus respectivos medios, sino que experimentan una saludable libertad al escribir textos originales, sin la presión de tener que responder a una línea editorial o entrar en conflicto con determinados intereses como, por ejemplo, los del departamento de marketing.
Con su capacidad de reproducción instantánea e infinita, la web 2.0 y sus nuevos dispositivos, los smartphones, no sólo pusieron en crisis a la crítica cinematográfica sino a su propio objeto: el cine. La pregunta acerca de qué es el cine hoy parece más pertinente que nunca, mientras es cada vez más intensa la certeza de que circula entre nosotros una cantidad inédita e inabarcable de producción audiovisual. El mismo nivel de democratización de la información que trajo Internet, llegó en los años ‘90 a la producción audiovisual de la mano del video digital. Lo que vino después ya es historia. Hoy son cada vez más las salas que proyectan en Alta Definición; películas enteras pueden verse gratis en YouTube o en sitios especializados como The Auteurs, y nanopelículas realizadas con celulares son objetos de festivales y muestras que compiten en popularidad con los festivales de cine tradicionales. Mientras algunas ideas que creíamos eternas pasan a ser relativas o directamente obsoletas (como la “propiedad intelectual”, o el concepto de “original”), el negocio del cine se redefine para no morir en el intento. Las salas 3D son ahora la clave de la supervivencia de los multicines. Y mientras el cine de autor y el cine arte continúa su lento camino de difusión a través del DVD o de las descargas, los tanques de Hollywood apuestan a megaestrenos globales, y apuran el lanzamiento de sus ventanas (la televisación y la salida en Blu-ray), para darle batalla, aunque sea un poco, a la piratería y los downloads.
Hace pocos días apareció una nota en un diario que da cuenta de esta crisis. La nota se titulaba Twitter,el enemigo número uno del cine, y alertaba acerca de la velocidad que da el microblogging (140 caracteres que responden a la pregunta de qué estás haciendo ahora, y que puede enviarse desde un celular) a grandes audiencias para emitir sus opiniones y socializarlas con millones de usuarios alrededor del mundo de forma instantánea. Más allá del tono escatológico de la nota, la preocupación de las majors (las grandes distribuidoras que manejan el negocio cinematográfico mundial) se sustenta en que sus principales estrenos están destinados a los jóvenes (se sabe: el segmento de consumidores más rentable del mercado), y que su acceso a las redes sociales es tan alto que, ante una mala recepción, temen que colapsen sus expectativas de ganancias.
Si alguna vez fue cierto aquello de que todo lo sólido se desvanece en el aire, hoy lo es mucho más. A una realidad social de compleja lectura, se le suma la pregunta acerca de qué hablamos hoy cuando hablamos de analfabetismo, de educación, de lectura y de inclusión. Una última noticia del futuro digital que ya se vislumbra. La segunda generación de la web ya tiene sucesora: la web 3.0 o web semántica será más intuitiva, los buscadores brindarán información personalizada para cada usuario, y tendrán acceso de una base de datos global. Los futuristas piensan en una web más inteligente respecto de los deseos, intereses y necesidades de los usuarios. Pero para comprobarlo habrá que esperar.
(Nota publicada originalmente en la revista La Rotonda -septiembre 2009- del Espacio Cultural El Sábato de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y reproducida con autorización de la autora).
Aquí se puede leer una interesante nota de Variety sobre cómo el boom de las redes sociacles está cambiando el marketing de las películas y debilitando el lugar de la crítica tradicional.
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A mi modesto entender: me definiría como expectadora mas que espectadora, ya que por lo general intento tener expectativas acerca de lo que voy a ver, y asi dejarme sorprender, sin necesidad de leer las criticas antes (aunque a veces me deje llevar por alguna sugerencia breve para elegir). La web 2.0 ó 3.0 no significa necesariamente calidad aunque sea novedad. <br /> Las fronteras en las artes visuales parecen estar borrandose, debido a la mixtura de recursos tecnicos que utilizan los productores (prosumers o no ) para sorprender. Lo mismo que ocurre con la aparicion de nuevos modelos de nuevas marcas de artefactos con mas funciones, que no necesariamente conducen a brindar un mejor mensaje. <br /> Tal vez como no soy critica, ni periodista cuando veo un film observo si impacta en mi cerebro(tengo que racionalizarlo); en mi corazon ( sera que soy mujer?) o mis intestinos ( y no me refiero a golpes bajos). <br /> Mi atencion puede estar capturada por la imagen, la banda sonora, atravesada por el texto, y aveces "me duermo" en la butaca y me pongo a pensar en otra cosa.<br /> Hace algunos años se hacian en Bs.As. festivales de videoarte, y traian obra de Nam Jum Paik, Bill Viola,...<br /> Tal vez sorprendian por la novedad tecnica pero para mi caduco como expresion el ver una serie de televisores pasando la misma imagen.<br /> En cambio el cine, mainstream o no, sigue siendo un lenguaje vigente aun cuando sea de genero, o bien inclasificable. <br /> Las proyecciones filmadas invaden el teatro. Los actores son llevados de una performance a un film. Los NO actores, tambien. Las locaciones fuera de estudio...pero tal vez eso ya haya sido hecho antes y muchos no nos hayamos enterado.<br /> Lo que prima es la contaminacion visual, o el superestimulo visual segun la postura que se adopte.<br /> Pero esto no es privativo de las artes visuales.<br /> El periodimo esta lleno de opinologos, que a veces son apenas locutores o parlanchines, (como la que suscribe), que tocan "de oído". <br /> A mi modesto entender: un crítico debe tener una formacion academica ( que abreve en alguna fuente teorica) o bien "haberse hecho" a fuerza de entrenar el ojo crítico y el correcto uso de la palabra. Si luego consigue trabajo, ese sera otro cantar, acerca de lo cual no puedo ni tan siquiera emitir opinión.
Muy buena la columna de Cynthia e interesante tambien el link a lo de Variety. Un par de cositas:<br /> <br /> -¿En qué diario se publicó la nota sobre Twitter a la que alude la autora? ¿Por qué no ponen el link asi tambien la podemos leer?<br /> <br /> -Me parece una exageración cuando Cynthia dice que "la mayoría" de los críticos de medios tradicionales tienen su blog o su sitio. Que yo sepa el único que aqui tiene su blog es Diego Lerer, y este portal que es de Batlle, pero ni ahí son mayoría. Y en Estados Unidos, donde está más difundido el tema, tampoco son "la gran mayoría".<br /> <br /> Igual es un muy buen texto para debatir y para que los criticos piensen nuevas formas de conectarse con la gente. Lo de la critica en un diario impreso los jueves ya está cadudo.