Columnistas
Diario de viaje
Barcelona, Cannes, El Mató, Almodóvar y “Amarga Navidad”
Algunas impresiones, reflexiones y anécdotas personales en la previa del festival más importante del mundo.
Cubro el Festival de Cannes de forma ininterrumpida desde 2001. En verdad, con la que arranca el próximo martes 12 serán 24 de las últimas 25 ediciones porque en 2020 la muestra no se hizo por la pandemia y en 2021 las restricciones para los latinoamericanos eran tan delirantes que era prácticamente imposible superar los controles y exigencias.
Para quienes nos dedicamos al cine es como cubrir nuestro Mundial cada año y el trabajo empieza varios días (semanas) antes con la acreditación, organización del viaje, gestión de entrevistas y visualización de screeners para adelantar trabajo (las funciones se superponen y los agentes de prensa comparten algunas películas para que sus films puedan ser reseñados).
Como tengo parientes y amigos en Barcelona (y el pasaje de la low cost Level es el más conveniente), en los últimos años paso siempre unos días en esta ciudad que me encanta y en la que a esta altura ya me manejo con mucha soltura y naturalidad. Además de pasear, comer muy bien y reencontrarme con seres queridos, aprovecho la previa de Cannes para sumarme a la prensa catalana y ver películas españolas (o coproducciones) en tiempos de gloria para la industria audiovisual local. En 2024 había visto, por ejemplo, Volveréis, de Jonás Trueba; en 2025, Romería, de Carla Simón; y Sirât, de Olivier Laxe; y este año fueron tres que serán reseñadas cuando venzan los respectivos embargos. No se puede, por lo tanto, anticipar nada de esas películas, pero sí voy a compartir una anécdota que sé no molestará a nadie.
Justo antes de entrar a una de las proyecciones matinales en los cines Verdi de Gràcia de los films que se estrenarán en Cannes leí en redes que El Mató a un Policía Motorizado anunciaba un nuevo show en el Movistar Arena para el próximo 19 de septiembre. Es una de las bandas nacionales que más me gusta ver en vivo y con mi hija veinteañera tenemos el ritual de ir juntos siempre que podemos. Llegar al Movistar Arena con sus 15.000 localidades es un hito para una banda del indie platense a la que le llevó años (décadas) conseguir la popularidad que hoy ostenta. ¿Y qué tiene que ver con esta columna? A los pocos minutos de iniciada la película en cuestión, los personajes cantan y celebran La noche eterna, uno de los “himnos” del disco La síntesis O'Konor. Cuando sonaron los primeros acordes me emocioné y, cuando todos los actores en escena entonan los versos de Santiago Motorizado, yo también empecé a hacerlo (en un tono muy bajito, claro). “Dame algo esta noche / Esta noche es especial / Tan brillante como el oro / En la oscuridad.”
Si no puedo develar qué películas vi en las funciones de prensa, sí estoy en condiciones de escribir sobre Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar, porque el film se estrenó en España hace casi dos meses. En medio de una fuerte lluvia y con los pies mojados fuimos con un amigo a verla a los Verdi Park. La sala estaba repleta, lo cual es todo un logro para un título que está en su octava semana en cartel.
En tiempo de grieta (sí, aquí es tan tóxica como allí), Almodóvar quedó en medio del fuego de la ultraderecha en redes, ya que Amarga Navidad se lanzó de manera simultánea con Torrente Presidente, comedia con un discurso antipolítica y anti woke. Como el film de y con Santiago Segura superó largamente en taquilla al de Pedro, sus haters se burlaron y lo tildaron de fracasado. Por suerte, fue el propio Segura quien salió a calmar las aguas y admitió que él casi no vende una entrada fuera de España (en Argentina Torrente Presidente convocó a apenas 10.000 espectadores), mientras que Almodóvar es un sello internacional de calidad desde hace décadas en todo el mundo (en los cines argentinos su nuevo largometraje se estrenará el 28 de mayo). De hecho, Amarga Navidad ya está cerca de los 400.000 espectadores, uno de los mayores éxitos suyos de los últimos años (Almodóvar es uno de los pocos que recibe un tratamiento distintivo por parte de los responsables de Cannes: mientras a todos los demás se les exige que presenten sus films en estreno mundial, el manchego puede lanzarlos antes en su país).
No voy a escribir una crítica sobre Amarga Navidad, ya que mi amiga, brillante colega y colaboradora de Otros Cines Violeta Kovacsics publicó este notable texto en el momento del estreno español, pero sí me permito sumar algunas líneas.
Amarga Navidad es una de las películas que más dividieron a la crítica y al público que sigue desde siempre al director de Mujeres al borde de un ataque de nervios, Todo sobre mi madre, Volver y Hable con ella. Incluso muchos fans incondicionales se sintieron frustrados por un film que para mi gusto tiene ciertos altibajos, pero al mismo tiempo es uno de las más viscerales, íntimos, desgarradores y arriesgados de su carrera.
Durante la película se discute sobre cuestiones como la “autoficción” y la “autocomplacencia” y por ahí pasan las claves y sus principales desafíos. Almodóvar habla de la crueldad y hasta cierta impostura del artista (en este caso su alter ego, como en Dolor y gloria, vuelve a ser Leonardo Sbaraglia) que se apropia de situaciones, conflictos y sentimientos cercanos pero al mismo ajenos. Esa idea de inspirarse no solo en las experiencias propias sino también en el dolor de los demás, de fagocitar lo que para otros ha sido traumático, es uno de los aspectos que más me fascinaron del nuevo film.
Además, Amarga Navidad funciona como una reflexión sobre toda su obra, incluida su relación con Chavela Vargas (el título del film es el mismo de un tema que interpretó la cantante mexicano-costarricense) y específicamente con la canción La llorona. Y, siguiendo con las conexiones musicales argentinas, en la película suenan una interpretación que Amaia hace de Canción de las simples cosas, de César Isella y Armando Tejada Gómez; y Libertango, de Astor Piazzolla, en la versión pop, reggae, new wave y electrónica de Grace Jones.
En un par de días más parto en micro desde Barcelona a Cannes. No pude cumplir con el sueño de ver el clásico Barcelona vs. Real Madrid de este domingo 10 porque cuando entré a ver los precios de los tickets rozaban los 1.000 euros para ubicaciones nada VIP. Recordé que en 2019 pagué 121 euros por un buen lugar para un partido de la Champions con Messi, Luis Suárez y compañía vs. el Inter de Milán de Lautaro Martínez. Es decir, en solo siete años los valores se multiplicaron por ocho. Así, convirtieron lo que antes era un espectáculo también para la clase media en algo exclusivo para la élite catalana y los millonarios chinos, árabes y rusos. Algo similar ocurre con shows musicales de artistas consagrados o partidos de la NBA.
Hasta aquí con esta crónica caprichosa, arbitraria, antojadiza.
Se viene en breve la cobertura de Cannes en este sitio, como lo hago desde 2007, nuevamente en elDiarioAr y en nuestro podcast Festivales, como siempre junto a Manu Yáñez desde la Croisette.
Abrazos cinéfilos.
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