Críticas

El niño de barro, de Jorge Algora

El barro de las coproducciones

La opera prima de Jorge Algora carece de grandes atributos, más allá de su medianía técnica y su corrección formal. Esta reconstrucción de la historia del Petiso Orejudo -el niño asesino que conmovió a la Buenos Aires de principios del siglo pasado- no funciona demasiado bien en ninguno de los terrenos planteados y, para colmo, las imposiciones de las asociaciones con España obligan a concesiones artísticas que afectan todavía más el resultado final.
Estreno 06/09/2007
Publicada el 30/11/-0001
El niño de barro (Argentina-España/2007). Dirección: Jorge Algora. Con Maribel Verdú, Juan Ciancio, Daniel Freire, Chete Lera, César Bordón, Abel Ayala, Roly Serrano, Sergio Boris y Oscar Alegre. Guión: Christian Busquier, Jorge Algora y Héctor Carré. Fotografía: Suso Bello. Música: Nani García. Edición: Rita Romero. Dirección de arte: Mariela Rípodas. Distribuidora: Buena Vista International. Duración: 103 minutos. Este debut en la dirección de Jorge Algora sobre el mito del niño asesino conocido como Petiso Orejudo no funciona en ninguno de los terrenos posible: ni como film de época sobre la Buenos Aires de 1912, ni como policial negro y perverso sobre la investigación de asesinatos seriales y pedofilia, ni como drama familiar desde el punto de vista de un niño traumado, ni como film onírico y enigmático con visiones y toques fantásticos.

Este realizador madrileño (y gallego por adopción, según reza la información de prensa) toca todas esas cuerdas sin profundizar ni triunfar en ninguna. Para colmo, le imprime al relato un tono solemne, mortuorio (no en el sentido de la seguidilla de asesinatos que se narra), frío y demasiado prolijo, donde abundan las frases altisonantes, los subrayados y las marcas de un guión que propone sorpresas que no causan conmoción ni interés.

Correcta en términos técnicos (está filmada en HD) y en su reconstrucción de época, El niño de barro es un típico (mal) exponente de la coproducción mal entendida: más allá de la corriente inmigratoria española que llegó a la Argentina en aquella época, resulta absurda la proliferación de personajes ibéricos en la trama con el único objetivo de justificar los porcentajes de uno y otro país en la inversión total. Algunos personajes, como el argentino radicado en España Daniel Freire hasta mezcla términos y acentos de ambos márgentes del Atlántico, como si se tratara de conseguir una "síntesis", una cruza entre ambos países. Un ejemplo de película apenas discreta, cuyas carencias artísticas se ven aún más amplificadas por las exigencias del negocio.

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