Críticas
El niño de barro, de Jorge Algora
El barro de las coproducciones
La opera prima de Jorge Algora carece de grandes atributos, más allá de su medianía técnica y su corrección formal. Esta reconstrucción de la historia del Petiso Orejudo -el niño asesino que conmovió a la Buenos Aires de principios del siglo pasado- no funciona demasiado bien en ninguno de los terrenos planteados y, para colmo, las imposiciones de las asociaciones con España obligan a concesiones artísticas que afectan todavía más el resultado final.
Estreno
06/09/2007
Publicada el 30/11/-0001
Este realizador madrileño (y gallego por adopción, según reza la información de prensa) toca todas esas cuerdas sin profundizar ni triunfar en ninguna. Para colmo, le imprime al relato un tono solemne, mortuorio (no en el sentido de la seguidilla de asesinatos que se narra), frío y demasiado prolijo, donde abundan las frases altisonantes, los subrayados y las marcas de un guión que propone sorpresas que no causan conmoción ni interés.
Correcta en términos técnicos (está filmada en HD) y en su reconstrucción de época, El niño de barro es un típico (mal) exponente de la coproducción mal entendida: más allá de la corriente inmigratoria española que llegó a la Argentina en aquella época, resulta absurda la proliferación de personajes ibéricos en la trama con el único objetivo de justificar los porcentajes de uno y otro país en la inversión total. Algunos personajes, como el argentino radicado en España Daniel Freire hasta mezcla términos y acentos de ambos márgentes del Atlántico, como si se tratara de conseguir una "síntesis", una cruza entre ambos países. Un ejemplo de película apenas discreta, cuyas carencias artísticas se ven aún más amplificadas por las exigencias del negocio.
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