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Festival de Cannes 2026: Crítica de “Butterfly Jam”, película de Kantemir Balagov con Barry Keoghan, Talha Akdogan, Riley Keough y Harry Melling (Quincena de Cineastas)
La película de apertura de la Quinzaine fue con el debut en inglés del director de Tesnota / Closeness (2017) y Beanpole (2019) con una historia padre-hijo ambientada en la comunidad kabardiana de Newark.
Butterfly Jam (Francia, Alemania, Estados Unidos/2026). Dirección: Kantemir Balagov. Elenco: Barry Keoghan, Talha Akdogan, Riley Keough, Harry Melling y Jaliyah Richards. Guion: Kantemir Balagov, Marina Stepnova. Fotografía: Jomo Fray. Edición: Kantemir Balagov, Juliette Welfling y Mathilde Chazaud. Música: Evgueni y Sacha Galperine. Duración: 102 minutos. Estreno mundial. Film inaugural de la sección paralela Quincena de Cineastas.
Butterfly Jam se entiende por sí sola (es una tragedia familiar que busca un haz de luz y ternura en medio de la brutalidad del contexto), pero es mucho más interesante aún si se bucea en la historia de su director.
Discípulo de Alexander Sokurov, Kantemir Balagov nació en 1991 en Nálchik, capital de la República Autónoma de Kabardino-Balkaria. Los kabardianos son precisamente una de las ramas principales del pueblo circasiano (adyghe), originarios del Cáucaso Noroeste. Históricamente perseguidos, obligados a una diáspora, se radicaron en países como Turquía, Siria, Jordania e Israel, aunque también algunos terminaron en América.
Balagov tuvo a lo largo de su historia una relación contradictoria con sus raíces. En alguna entrevista aseguró que no se consideraba kabardiano, pero en Butterfly Jam se acerca a las desventuras de una familia de origen circasiano. De hecho, él también se ha convertido en un exiliado. Muy crítico de la invasión rusa a Ucrania, se vio obligado a radicarse en los Estados Unidos y allí -más precisamente en la zona de Newark, Nueva Jersey- ambientó esta desgarradora historia que en principio iba a transcurrir en otro lugar.
El protagonista en principio es Azik (Barry Keoghan, también coproductor del film), un cocinero de comida típica de los circasianos que vive en medio de una comunidad marcada por una masculinidad demasiado tóxica y endogámica. Tiene un hijo de 16 años llamado Pyteh (Talha Akdogan), que se destaca en el universo de la lucha libre y varios compinches como Marat (Harry Melling). Las relaciones masculinas son más bien primitivas y suelen terminar a puro descontrol y a veces incluso a los golpes, mientras que los dos personajes femeninos, Zaiya (Riley Keough), que está embarazada; y Alika (Jaliyah Richards), una luchadora de origen nigeriano, le ponen algo de sensibilidad, cordura y contención al asunto más allá de que atraviesan sus propios conflictos.
El film -que por momentos recuerda a Little Oddesa, de James Gray- va posando cada vez más el punto de vista en el adolescente Pyteh y tiene una intensidad por momentos desbordante y un espíritu trágico que Balagov intenta contrarrestar con un final algo condescendiente en el que además aparecerá en persona una figura muy famosa que es mejor no spoilear.
Para quienes seguimos la trayectoria del director de Tesnota / Closeness y Beanpole, su primera incursión en el cine angloparlante y con actores de renombre resulta no una absoluta decepción, pero sí una apuesta menos auténtica y original, algo más convencional y previsible. Sus caminos artísticos ya fuera de Rusia son por el momento tan imprevisibles como el destino de los personajes que aquí retrata.
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