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Cannes 79
Festival de Cannes 2026: Críticas de “Merci d'être venu”, de Alain Cavalier; y “La muerte no tiene dueño”, de Jorge Thielen Armand (Quincena de Cineastas)
Ultimas dos reseñas de la en líneas generales notable selección de este año en la principal sección paralela del festival.
Merci d'être venu / Thanks for Coming (Francia/2026). Guion, fotografía y dirección: Alain Cavalier. Duración: 82 minutos. ★★★★½
Cavalier está a punto de cumplir 95 años y sigue filmando -dice- por insistencia de Michel Seydoux, su productor durante el último medio siglo. Lo suyo es en apariencia sencillo: agarrar una pequeña cámara, registrar su cotidianeidad y lo que ocurre en su entorno, su familia, sus animales, sus múltiples viajes (suele acompañar las proyecciones de sus películas en festivales, pequeños cineclubes y universidades de toda Francia), pero en la gestación de estos ya habituales diarios personales aparecen las reflexiones, el humor y la sensibilidad de un viejo sabio, de alguien que no le teme a la autoparodia y sigue reivindicando el placer de hacer (y ver) cine cuando por edad, según los preceptos de esta sociedad cruel con los ancianos, ya debería estar retirado.
Las enfermedades y la cercanía de la muerte se cuelan de forma inevitable e impregnan al largometraje de un dejo algo triste, pero Merci d'être venu nunca abandona su espíritu lúdico, su tono leve ni su mirada empática sobre un mundo que ya no lo es. Son 82 minutos de belleza, amor y lucidez. Un antídoto, un bálsamo. Gracias por haber filmado.
La muerte no tiene dueño / Death Has No Master (Venezuela, Italia, Canadá, Luxemburgo, España, México/2026). Guion y dirección: Jorge Thielen Armand. Elenco: Asia Argento, Dogreika Tovar y Jorge Thielen Hedderich. Fotografía: Luis Armando Arteaga. Música: Vittorio Giampietro. Sonido: Sylvain Bellemare. Edición: Felipe Guerrero. Duración: 104 minutos. ★★½
El director de La soledad y La fortaleza narra la historia de Caro (Asia Argento), una mujer de mediana edad que llega a Venezuela desde Italia para vender la casona y la plantación de cacao de su difunto padre. Al arribar a ese paraje húmedo y tropical, se encuentra con que la degradada mansión ha sido tomada por antiguos empleados como Sonia (Dogreika Tovar) y su hijo preadolescente. Como toda europea que cree en la propiedad privada, la protagonista reclama su herencia, pero en el pueblo nadie parece demasiado interesado en respetar sus derechos. La tensa convivencia inicial deriva en una espiral de violencia, un crescendo de venganza, un culto al ojo por ojo que incluye la llegada de distintos “pesados” de armas tomar.
Ese enfrentamiento cada vez más brutal le sirve a Jorge Thielen Armand para trazar una pintura devastadora y sin demasiadas sutilezas ni matices sobre la situación socioeconómica de su país. El film tiene un look vintage, las actuaciones están siempre subidas de tono, los contrapuntos están por demás subrayados y el resultado es una narración recargada, con algunas escenas potentes, pero con la sensación final de haberse quedado a mitad de camino entre el cine de género y el político, sin profundizar del todo en ninguna de las dos vertientes.
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