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Crítica de la quinta temporada de “El Oso” (“The Bear”) y análisis del final de la serie (Disney+)

Este texto está dividido en dos partes: un análisis general sin mayores spoilers y una valoración del cierre (que debe leerse después de verlo) de esta serie creada por Christopher Storer y protagonizada por Jeremy Allen White, Ebon Moss-Bachrach y Ayo Edebiri.

Estreno 26/06/2026
Publicada el 27/06/2026
  • Ayo Edibiri y Jeremy Allen White.

El Oso / The Bear (Estados Unidos/2022-2026). Creador / Showrunner y guionista principal: Christoper Storer (también director de 7 de los 8 episodios de la última temporada, el quinto fue rodado por Duccio Fabbri). Elenco: Jeremy Allen White, Ebon Moss-Bachrach, Ayo Edebiri, Lionel Boyce, Liza Colón-Zayas, Abby Elliott, Matty Matheson, Edwin Lee Gibson, Oliver Platt, Will Poulter y Jamie Lee Curtis. Duración: 8 episodios de entre 24 y 64 minutos (los dos últimos son dobles). Todos ya están disponibles en Disney+.

Críticas de las temporadas anteriores

Temporada 1

Temporada 2
 
Temporada 3
 
Temporada 4

Sobre la Temporada 5
(sin mayores spoilers)

Mucho se ha escrito sobre El Oso / The Bear, una de las series más premiadas de esta década. También se ha escuchado (en redes, entre amigos) cierta desazón y desencanto luego de las dos extraordinarias primeras temporadas: muchos incluso “se bajaron” porque, argumentaban, la historia de una cantina popular por sus sandwiches de carne en Chicago devenida en restaurante de lujo se repetía, se estancaba y se estiraba demasiado.

He publicado reseñas sobre cada una de las temporadas de El Oso y puedo entender, aceptar y hasta en algunos aspectos compartir que la serie venía pidiendo (necesitando) un final, pero incluso cuando las tres últimas entregas no hayan tenido el superlativo nivel inicial, la creación de Christoper Storer (uno de esos escasos showrunners que trasladaron del cine a las series la impronta de un autor con sello, estilo y vuelo propio) mantuvo una calidad narrativa, dramática y actoral infrecuente, con algunos episodios (que funcionaron casi como si fueran películas independientes y autosuficientes) que quedarán en el recuerdo, para la historia grande de esta era dorada de las series.

En una temporada más corta (8 episodios contra 10 de las anteriores), Storer decidió volver en los primeros 7 capítulos a las fuentes, con un nivel de concentración que los restringe prácticamente a una locación (el restaurante y más precisamente su cocina) y a unas pocas horas (del 1 al 5 son preparativos para el servicio gastronómico durante una noche caótica que se desarrolla durante el 6 y el 7). El episodio final, en cambio, va por otros rumbos, funciona como una suerte de coda de la temporada y de toda la serie, responde unos cuantos interrogantes planteados, hace diversas revelaciones y hasta puede verse como algo más convencional, concesivo y sentimental (el análisis, con spoilers, está al final de este texto).

La temporada 4 había cerrado con la decisión de Carmen “Carmy” Berzatto (Jeremy Allen White) de abandonar el restaurante y dejarlo en manos de Sydney Adamu (Ayo Edebiri). En este cierre la noticia, por supuesto, impacta en el resto del equipo (que para Storer siempre ha sido una familia ampliada del núcleo original), pero es tal el vértigo, el caos, la urgencia y la crisis que afecta al negocio que tampoco hay demasiado margen para los reproches y los ajustes de cuenta (se percibe, sí, una inevitable sensación de tristeza y dolor).

Desde el vamos sabemos que Jimmy “Cicero” Kalinowski (Oliver Platt), tío de los hermanos Berzatto y principal inversor en el restaurante, ha hecho muy malos negocios y está prácticamente en quiebra (lo vemos vender hasta sus relojes). Su última carta es comercializar el espacio aéreo; es decir, el derecho a construir por sobre el inmueble que ocupa El Oso. Esa será prácticamente la única subtrama de una temporada que, quedó dicho, transcurre casi en tiempo real dentro de la cocina (no en un sentido estricto como en Adolescencia o The Pitt, pero acercándose bastante a ese recurso).

Para dotar al relato de una dimensión aún más épica, Storer decidió que en Chicago se desatara la “tormenta perfecta”, una cortina de agua que genera inundaciones, atascamientos de tráficos y todo tipo de catástrofes edilicias en el propio restaurante. Además, con la cadena de pagos cortada, los chefs (con Sydney ya al mando y Carmy “degradado” a asistente) deben improvisar con los pocos elementos que les van quedando. La app de reservas se cae, ningún cliente llega de forma puntual y se desata una carrera contra el tiempo para que el negocio siga a flote y se puedan cumplir con algunas deudas no solo económicas sino también éticas, morales y afectivas.

Puede que algunas escenas de elaboración de platos resulten algo extensas, rebuscadas y pretenciosas y caigan en cierto regodeo visual, así como el uso por momentos machacante de la música incidental de Christian Lundberg con producción de Hans Zimmer, con la idea de aumentar el vértigo y la tensión tensión terminen por abrumar, pero se trata -de todas formas- de una muy buena temporada final en la que en los peores momentos, cuando todo parece que se “inunda”, que se agota, que se ahoga, que se derrumba, surge esa solidaridad, esa mística, esa resiliencia, esa capacidad para improvisar, ese talento para crear, esa impronta de familia que ha sido desde siempre el corazón y la esencia de la serie. 

El oso t5 2

Sobre el final (con spoilers)

La serie bien podría haber terminado con el episodio 7 (Caramelo, un capítulo doble de 54 minutos) y hasta diría que hubiera sido lo más justo y pertinente. La última entrega (El original Beef de Chicagoland, de 64 minutos), de todas maneras, permite que el espectador se despida de la serie desde un lugar más emotivo (sentimental) y se lleve unas cuantas respuestas a los pequeños misterios, incógnitas, enigmas y cabos sueltos que se habían planteado y dejado; y conozca incluso algunas sorprendentes revelaciones.

Sabremos que en verdad el restaurante no ganó una sino dos estrellas Michelin, que el “ladrón de cucharas” era el pastelero Marcus (Lionel Boyce), que Richie (Ebon Moss-Bachrach) finalmente se animará a viajar a Japón acompañado por su novia Jess (Sarah Ramos), que el proyecto de franquicias para The Original Beef of Chicagoland seguirá adelante, pero hay dos situaciones principales: una, la celebración de una fiesta sorpresa para el cumpleaños de Eva, la hija de Richie, que permite reunir en las instalaciones de El Oso a casi todo el elenco (incluso muchos famosos que tuvieron poco más que cameos en temporadas previas); y la otra, una entrevista de trabajo que termina siendo más una sesión de terapia en la que el siempre atribulado Carmy se confiesa ante Sue (Bonnie Hunt) con un monólogo que funciona como una suerte de cierre ("abierto") de la serie.

Para mi gusto, los problemas del último episodio son básicamente dos (hay otros): la conclusión es demasiado explícita y tranquilizadora; pero sobre todo no le hace justicia al personaje de Sydney, que fue la gran protagonista de los tramos finales y prácticamente desaparece en la segunda mitad del capítulo final. Carmy y Richie tienen su despedida profunda y sentida; ella, no. Algo que el personaje construido a puro talento por Ayo Edebiri hubiera merecido con creces.


Cierro con un "jueguito". Si tuviera que hacer un ranking de mejor a peor sobre las cinco temporadas de El Oso quedaría así:

1- Temporada 2

2- Temporada 1

3- Temporada 5

4- Temporada 3

5- Temporada 4

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