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Crítica de Adán Buenosayres: la película, de Juan Villegas (Artes)
“¿Empiezo?”, pregunta a cámara Manuel Antín en el arranque de este mediometraje (45 minutos) del director de Sábado, Los suicidas y Victoria. Cuando le dan el OK, el venerable realizador comienza a leer un fragmento de Adán Buenosayres, la brillante, controvertida, incomprendida, casi secreta novela publicada en 1948 por Leopoldo Marechal.
¿Por qué Antín? Porque durante la década de 1970 el creador de la FUC estuvo a punto de filmar una transposición del libro (llegó a escribir el guión e incluso a contactar a actores como Pepe Soriano y Alfredo Alcón), pero no logró financiarla por falta de apoyo del por entonces Instituto Nacional de Cinematografía (INC).
Villegas reconstruye la historia de aquella obra sobre unos amigos veinteañeros con aspiraciones intelectuales, crisis de fe y amores imposibles que deambulan por las noches de Villa Crespo y Saavedra, el rotundo rechazo que tuvo en la revista Sur (donde Marechal colaboraba reseñando libros), la defensa de Julio Cortázar y las visicitudes del escritor, desde su paso por la revista Martín Fierro junto a Jorge Luis Borges, Raúl Scalabrini Ortiz, Oliverio Girondo, Jacobo Fijman y Xul Solar, hasta su participación activa en las gestiones justicialistas, aunque -como bien aclara el realizador- Adán Buenosayres fue una novela “díscola” para el peronismo e “incómoda” para los cánones literarios de la época (demasiado popular para la vanguardia, demasiado vanguardista para ser popular).
Villegas aparece entrevistando a Antín, al crítico Martín Prieto, al escritor Pedro Mairal y a María de los Angeles Marechal, hija del autor, y utiliza bastante (no siempre de manera eficaz y fluida) la voz en off, que va de lo confesional a la narración meramente didáctica.
Lo mejor de la película -además, claro, de la propia historia y de la impecable investigación- son los pasajes de ficción en los que Villegas filma algunas escenas de la novela como -asegura- forma de romper el maleficio, la maldición, como una suerte de exorcismo para una novela maldita que tuvo también un destino maldito en el cine.
Pablo Sigal (Samuel Tesler) y Julián Tello (Adán Buenosayres) discuten en la pensión o en la calle con los diálogos de entonces y algunos elementos actuales (un celular, por ejemplo). Así, Villegas -un fanático del libro desde su primera juventud- se da el gusto de ver, aunque sea por unos minutos, a esos personajes y a esta historia en pantalla. El cine sirve para eso: cumplir los sueños.
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