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Gijón 09: Radiografía del cine independiente del mundo

Go Get Some Rosemary, de los hermanos Ben y Joshua Safdie; Le roi de l’evasion, del francés Alain Guiraudie; y Francesca, del rumano Bobby Paunescu, fueron de lo mejor del festival asturiano.
Publicada el 02/12/2009
Aunque a veces nos referimos a ellos como si se tratara de paraísos extra-terrenales, es bueno recordar que los festivales cinematográficos funcionan al son de las múltiples variables que rigen el Planeta Cine. Una de esas variables viene determinada por el modo en que el conjunto de festivales se retroalimenta siguiendo una estructura cuidadosamente jerarquizada. En esta estructura compartimentada y piramidal, los grandes festivales (Cannes, Venecia, Berlin y, en el caso que nos ocupa, también Locarno y Rotterdam) marcan en gran medida el destino de los más pequeños, que luego deben ejercer su propio filtro y definir su personalidad. Sin embargo, ¿qué sucede cuando los principales suministradores de películas fallan? Que las cosas, como sucedió en la temporada 2009, se complican, claro.

Cannes fue totalmente olvidable, al menos para aquellos que no quedamos prendados del genio de Tarantino, Haneke o Resnais, y Venecia fue interesante pero menor. En otros años, tener las dos mejores películas de Venecia, habría sido motivo suficiente para que un festival como el de Gijón plantara unos sólidos pilares sobre los que construir una gran programación. Sin embargo, este año, dicho escenario, con Between Two Worlds, de Vimukthi Jayasundara, y Villalobos, de Romuald Karmakar, como perlas venecianas (buenas películas, pero no obras maestras), no provocó el efecto deseado. Con este hándicap de base, el festival aun logró mantener un nivel medio notable, con diversas líneas estilísticas y temáticas que, más allá de la calidad específica de cada film, permitieron dibujar una suerte de radiografía del panorama mundial del cine independiente.

Observando en su conjunto la programación del festival, es fácil llegar a la conclusión de que el cine europeo de corte realista y centrado en la observación de las dinámicas sociales se alzó como gran protagonista de la sección oficial. En esa línea cabe situar una película como La pivellina, coproducción italo-austriaca dirigida por el matrimonio que forman Tizza Covi y Rainer Frimmel, que se alzó con el premio a la mejor película y a la mejor actriz (Patrizia Gerardi) gracias a su amable retrato de una familia de artistas circenses que acoge a una niña abandonada en las calles de Roma. Se trata de una historia que habría cautivado tanto a Vittorio de Sica como a Federico Fellini y que Covi y Frimmel filman a la manera de los hermanos Dardenne. Un gesto, el de perseguir a los personajes de forma sistemática, que se ha convertido en emblema del cine mundial, algo que pudo comprobarse en la nueva película de Masahiro Kobayashi, Wakaranai, un melodrama sobre la orfandad con guiños a Los 400 golpes y a La balada de Narayama que formula un dura crítica a la sociedad nipona.

Volviendo al cine del Viejo Continente, hay que destacar la presencia de la magnífica película rumana Francesca, dirigida por Bobby Paunescu y producida por Cristi Puiu (director de La noche del señor Lazarescu). A través de un realismo estricto y pudoroso, de largos planos-secuencia conjugados mediante panorámicas (a la manera del propio Puiu o de Jia Zhang-ke), el film articula un poderoso melodrama atravesado por un suspenso omnipresente e invisible que tensiona la odisea de una mujer que desea abandonar el país. La consistencia del retrato femenino que propone, sustentado en la soberbia interpretación de Monica Barladeanu, permiten conectar la figura de Francesca con las protagonistas del cine de Mizoguchi o del primer Pasolini, mujeres que deben cargar con las consecuencias de los (malos) actos cometidos por los hombres que las rodean. Menos interesante es Welcome, de Philippe Lioret, película que encara de frente el drama de la inmigración en Francia, pero que no consigue zafarse de ciertos tópicos del cine social más académico, en la línea del peor Loach o de las recientes Una visita inesperada / The Visitor, de Thomas McCarthy, o Amreeka, de Cherien Dabis: puro realismo tímido.

Más logradas resultaron dos películas que, sin apostar deliberadamente por el retrato social, dibujaron un panorama alternativo de la Francia actual. Por un lado, Les beaux gosses, del dibujante de cómics Riad Sattouf, acomete una eficaz revisión a la francesa del universo de las teen movies estadounidenses, construyendo en segundo plano, a golpe de viñeta pop, una recreación en miniatura de la Francia multiétnica. Por el otro, la refrescante comedia Le roi de l’evasion, de Alain Guiraudie, propone una desprejuiciada y transgresora celebración del deseo y el sexo protagonizada por una atractiva adolescente y un vendedor de camiones gordo, cuarentón y homosexual. Un torrente de libertinaje que transita ágilmente del retrato más físico a lo simbólico, abriéndose esporádicamente a lo onírico y escapando de esta manera de la domesticación del naturalismo.

También en la sección oficial, el cine independiente norteamericano presentó las dos últimas creaciones del sello mumblecore, un movimiento identificable por el uso de diálogos entrecortados, cámara al hombro y jóvenes actores no profesionales. Un cine que reclama la herencia de Cassavetes y que tiene como máximo portavoz a Andrew Bujalski (el director de Funny Ha Ha). En este contexto, cabe enmarcar a la discreta Humpday de Lynn Shelton, una película cuya aparente espontaneidad esconde una fuerte tendencia al esquematismo, reforzada por un tratamiento narrativo que se asemeja al de un capítulo de sitcom: dos viejos amigos heterosexuales deciden exorcizar sus fantasmas practicando sexo homosexual. Mientras, la interesante Go Get Some Rosemary, de los hermanos Ben y Joshua Safdie, se presenta como un tour de force dramático verdaderamente imprevisible y abierto a las fugas. Aunque también podría verse como un experimento consistente en vaciar de comicidad un esquema prototípico de la comedia norteamericana (como sugieren las referencias a Jerry Lewis, Billy Wilder y Howard Hawks). En cualquier caso, la película, que pone en escena a un padre patológicamente irresponsable, avanza con agilidad hasta un punto de no retorno en el que la conducta inmoral del protagonista convierte la recta final del film en un (probablemente involuntario) estudio sobre la antipatía (del espectador hacia el personaje). Una experiencia realmente extraña.

Fuera de la sección oficial, el festival dedicó sendas retrospectivas al ruso Alexei Balavanov, al enfant terrible norteamericano Harmony Korine y al alemán de ascendencia turca Fatih Akin (este último, un ciclo más que cuestionable). Finalmente, el descubrimiento más interesante lo reportaron los ensayos fílmicos del irlandés Duncan Campbell. En particular, cabe rendirse ante la apabullante inteligencia y elocuencia de Bernadette, una pieza de 37 minutos en la que el director deconstruye la figura (el rostro, el discurso y la imagen mediática) de Bernadette Devlin, aguerrida activista socialista de Irlanda del Norte que en 1969, a los 21 años, se convirtió en la mujer más joven del parlamento británico. Sin miedo a resultar críptico en su afán analítico y poético, Campbell recorta, entrecorta y remonta las imágenes de la joven Bernadette y reflexiona sobre la lucha de una joven idealista contra las fuerza del Estado. Al final, la verdadera tragedia, claramente palpable, la certifica la alineación de los medios del lado de los poderosos.

El Palmarés

-Mejor largometraje: La pivellina de Tizza Covi y Rainer Frimmel

-Mejor dirección: Lynn Shelton por Humpday

-Mejor actor: Mark Duplass y Joshua Leonard por Humpday

-Mejor actriz: Patrizia Gerardi por La Pivellina

-Mejor guión: Philippe Lioret, Emmanuel Courcol y Olivier Adam por Welcome

-Mejor dirección artística: Gustavo Ramírez por Mal día para pescar

-Premio especial del jurado: Le roi de l’evasion de Alain Guiraudie

-Premio No Ficción (documental): Sahman (Border) de Harutyun Khachatryan

-Premio del Público: Barking Water de Sterlin Harjo

-Premio FIPRESCI: Francesca de Bobby Paunescu

COMENTARIOS

  • 5/12/2009 8:16

    En un nuevo ejemplo de honestidad que empieza a bordear el más absoluto ridículo, debo admitir que el reciente visionado de "Police, Adjective" y "Morrir como un homen" (dos de las mejores películas del año) han modificado parcialmente mi opinión acerca del pasado Festival de Cannes. Aunque sigo sosteniendo que la sección oficial fue muy pobre (en mí opinión, "Vincere" de Marco Bellocchio fue la única gran película que se proyectó en el Gran Teatro Lumiere) y que la mayoría de autores verdaderamente importantes (Hong Sang-soo, Pedro Costa, Nobuhiro Suwa, Tarantino, Tsai Ming-liang, Johnnie To) presentaron obras menores o fallidas.<br /> <br /> En mi opinión:<br /> <br /> -Grandes películas del Cannes 2007: Zodiac, Paranoid Park, Death Proof, The Flight of the Red Balloon, Go Go Tales, He Fenming, La cuestión humaine<br /> <br /> -Grandes del 2008: Un cuento de navidad, Two Lovers, Tokyo Sonata, Of Time and the City, Aquel querido mes de agosto, El cant dels ocells, Liverpool.<br /> <br /> -Grandes del 2009: Vincere, Independencia, "Police, Adjective", Morrir como un homen.<br /> <br /> Y en cuanto a la "posibilidad" de ir variando la opinión sobre una película, y por consiguiente el lugar desde el que observo (algo que determina mi sensibilidad y conocimiento actuales), lo veo casi como una obligación. El día que piense/crea que mi palabra sobre una película es (la) definitiva, estaré acabado como crítico.<br /> <br /> Abrazos

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