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Regreso con gloria
Patricio Coll y Jorge Goldenberg dan en Regreso a Fortín Olmos una lección de cine político que trasciende la mera reivindicación incondicional y la vanidad autoral para abordar las experiencias militantes en toda su complejidad.
Es cierto que es una película que hilvana su narración a través del relato de quienes participaron, dando la idea de un documental de "cabezas parlantes". Allí están todos los que podían estar -Paoli, Bartolucci, los D'Urbano- y a los que los directores fueron a buscar a lo largo y ancho del mundo y de la Argentina. Pero la precisión con que se organiza ese "texto", con todas sus complejidades y especificidades -a la manera de ciertos films de Richard Dindo-, se aleja de las generalizaciones acríticas que fatiga el "documental testimonial endogámico", fatalmente insistente en el cine argentino, que elige sus testimonios en función de lo que es conveniente para una toma de posición decidida de antemano y que no debe someterse a prueba ni revisión alguna. Los propios directores dan un paso decisivo en ese sentido, incluyéndose al incluir el cortometraje Hachero nomás, del que habían sido dos de sus directores cuarenta años atrás.
Al mismo tiempo que escapa del cine político de camaradas y del muchachismo, del modelo reivindicativo de una generación que cree que alcanza con dejar testimonio de una experiencia incuestionable -y que es su deber hacerlo sin toma de distancia-, Regreso a Fortín Olmos también se aleja del modelo autoral, que la primera persona o el retorno a un mundo ya filmado brindaban como posibilidad y pertinencia. No hay la menor vanidad auto-indulgente porque la película no se organiza sobre esas premisas sino alrededor de la exposición de los puntos de vista de los otros y, en todo caso, que de esa polifonía se desprendiera lo que Coll y Goldenberg pensaban sobre esas tramas discursivas.
Son esas las tomas de posición de un cineasta, más que las declamadas públicamente en entrevistas o las que dice una voz-off (finamente, voice over), y que pretenden marcar un progresismo que no se condice con sistemas cinematográficos conservadores. Y esas tomas de posición convierten a Regreso a Fortín Olmos en una película en las antípodas de los discursos oficiales -del documentalismo y la televisión oficiales- sobre los '70, buscando que sean los propios materiales quienes pongan en foco esa diferencia, fundada en la dificultad de narrar esos episodios y esas líneas ideológicas complejas y contradictorias.
Justamente, la dificultad de narrar esos hechos me animaría a decir que es una de las cuestiones centrales de Regreso a Fortín Olmos. Esa dificultad del trabajo sobre una materia resistente y difícil de horadar y que los cineastas se obstinan en no simplificar ni adornar sino que tratan de conferirle esa dureza intrínseca al propio film que están haciendo. Es cierto que, generalmente, cuando se habla del trabajo que toma hacer una película el argumento suele servir tanto para las películas notables como para las mediocres. Pero en este caso el trabajo extraordinario queda marcado en la película y es una lección para tanto documentalista perezoso que cree que con poner la cámara delante de un puñado de militantes contando una experiencia -y todas las de ese período fueron singulares y terribles- alcanza para hacer un film que merece ser hecho. Esta es una historia desconocida y que no involucra a ninguno de los protagonistas que la Historia Oficial de los 70 ha dictaminado que fueron los fundamentales. Pero, como siempre ocurre en los mejores documentales, cuando el ojo sabe ver y el oído sabe oir lo que hay en la microscopía, esa pequeñez se vuelve totalidad.
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Excelente columna, es cierto que Fortin Olmos no tuvo la repercusión que merecía entre intelectuales, que obviamente la ningunearon, porque es incómoda, para nada complaciente. Yo la pude ver cuando se dio en el festival de mar del plata y me pareció de lo más interesante del cine politico argentino de los últimos años, junto con M de Prividera. Y es verdad tambien que elude la autoindulgencia y la vanidad que podría haber tenido por eso de haber sido protagonistas 3 o 4 décadas atras, la inclusión de los fragmentos de Hachero nomás no perturban, no son nostalgiosos al pedo. Una gran pelicula, recomiendo que la vean, no se si ya está disponible en DVD.
Mmm. La peli está muy bien, Sergio, a pesar de los "bustos parlantes", que no hacen a una puesta poco conservadora... Pero lo planteas como si fuera la primera en animarse a revisar esa historia oficial, y eso es injusto e inexacto: antes hubo otras, incluso mas valiosas formalmente, como 'M' de Nicolás Prividera, que se desmarca no solo de las películas a las que te referís, sino también de ´Los rubios', a la que se le podría hacer la crítica opuesta, por su notorio desinteres por cualquier historia, oficial o no.