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Crítica de “The Deuce”, otra joya de David Simon
El creador de The Wire y Show Me a Hero lo hizo de nuevo.
Atención: esta nota contiene spoilers (se recomienda leerla solo si ya se ha visto toda la serie)
En agosto pasado nos animábamos -solo tras apreciar el piloto que se había lanzado online unos días antes del estreno oficial- a anticipar que The Deuce podía ser una de las mejores series del año. Dos meses después, con los ocho episodios ya emitidos, podemos confirmar esa presunción y ratificar todo lo bueno que ya sabíamos de David Simon, aquí acompañado en el armado y escritura por los no menos talentosos George Pelecanos y Richard Price.
Esta historia sobre la Nueva York de entre 1971 y 1972, con la por entonces decadente Calle 42 como epicentro, y su descripción del submundo de la prostitución (la relación entre proxenetas y trabajadoras sexuales es uno de los ejes principales), la corrupción policial, los negocios de la mafia y la explosión del negocio del porno tiene todos los condimentos, los matices, la inteligencia, la provocación, la profundidad psicológica y la capacidad para el detalle que distinguen al estilo Simon, alguien capaz de transportarnos a una época y un lugar completamente ajenos y conquistarnos por completo.
Menos de ocho horas les bastaron a Simon y compañía para construir gran cantidad de personajes tan contradictorios como fascinantes (todos son un poco entrañables y otro tanto despreciables): desde la doble interpretación de los hermanos Frankie y Vincent (Vinnie) Martino a cargo de James Franco, quien también se lució como director en los excelentes capítulos 3 y 7; hasta mujeres de fuerte presencia como la Eileen "Candy" Merrell de Maggie Gyllenhaal o la Abby de Margarita Levieva.
El episodio final de la primera temporada (HBO ya anunció que habrá una segunda) tuvo una muerte (The Deuce llamó la atención por una violencia permanente en el trasfondo, pero pocas veces sangrienta o extrema) de un personaje muy querible aunque claramente secundario como el de la prominente prostituta Ruby (Pernell Walker). Los diferentes no suelen ser aceptados por la sociedad y tampoco les va demasiado bien en las series de Simon.
Por lo demás, el negocio sigue creciendo a pasos agigantados (y generando serias contradicciones internas en Vincent); el protagonista se anima finalmente a convivir con Abby; y Candy se va transformando en una experta en el rodaje de películas pornográficas en una nueva era que -como vemos en la escena de la avant premiere de Garganta profunda/Deep Throat, con Linda Lovelace- pasa de la clandestinidad al establishment. Los fuertes cambios en el capitalismo (otra de las obsesiones de Simon) en toda su expresión y dimensión.
Como regalo les dejamos la extraordinaria banda de sonido de la serie en Spotify:
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