Críticas
Festival de Sitges 2025
Crítica de “No Other Choice”, película del coreano Park Chan-wook
Tras un amplio recorrido por prestigiosos festivales como Venecia, Toronto (donde ganó el premio del público), Busan, Nueva York y Londres, se presentó en Sitges el más reciente y notable film del talentoso director de JSA: Zona de riesgo, Sympathy for Mr. Vengeance, Oldboy: Cinco días para vengarse, Lady Vengeance, Thirst, Lazos perversos, The Handmaiden y Decision to Leave. En América Latina esta nueva transposición de la novela The Ax, de Donald E. Westlake, será distribuida en cines y luego en streaming por MUBI.
No Other Choice (Eojjeolsuga eobsda, Corea del Sur/2025). Dirección: Park Chan-wook. Guion: Park Chan-wook, Lee Kyoung-mi, Don McKellar y Jahye Lee, basado en la novela The Ax, de Donald E. Westlake. Fotografía: Kim Woo-hyung. Edición: Kim Sang-beom, KimHo-bin. Música: Cho Young-wuk. Elenco: Lee Byung Hun, Son Yejin, Park Hee Soon, Lee Sung Min, Yeom Hye Ran, Cha Seung Won, Choi So Yul, Kim Woo Seung, Kim Hyeongmook, Oh Dal Soo y Lee Suk Hyeong. Duración: 139 minutos.
En 2005, Costa-Gavras adaptaba al cine el libro homónimo de Donald E. Westlake. La novela, como la película La corporación / Le couperet / The Ax, del director franco-griego, versaba en torno a un hombre que, tras perder su trabajo, decidía eliminar a sus principales competidores para poder así conseguir un nuevo empleo.
La pregunta, a partir de aquí, es qué tiene que ver la obra de un cineasta que ha hecho del cine político de carácter programático su principal seña de identidad con el virtuosismo estético y la puesta en escena de lo brutal de la filmografía de Park Chan-wook. La respuesta es No Other Choice, la última película de Park presentada en el Festival de Cine de Sitges, una adaptación de aquel título de Costa-Gavras, cineasta al que está dedicada la película.
La trama es la misma, lo que varía es el tono. Si la película de Costa-Gavras era eminentemente límpida, un drama de pretensiones realistas, la de Park es una nueva muestra de la capacidad del director coreano de hacer malabarismos en torno a un tono que para nada es evidente: No Other Choice tiene algo de tragedia (como su “Trilogía de la venganza”) y mucho de comedia negra. Donde Costa-Gavras buscaba realismo, Park encuentra exageración. Donde el primero veía drama, el otro escarba en la violencia más extrema.
Pero es sobre todo en la construcción del personaje principal y sus motivaciones que No Other Choice deviene una película de tono incómodo. Yoo Man-su (el gran Lee Byung-hun) se presenta como alguien que, en sus propias palabras, “lo tiene todo”. Abrazado a su esposa, a sus dos hijos y rodeado de dos preciosos labradores, el hombre de familia ostenta un gran caserón y colma de regalos a su familia. Sin embargo, nada de esto va a durar. Cuando el hombre se queda sin trabajo, se obsesiona no tanto con trabajar de nuevo, sino con mantener su estatus: su casa, sus perros, las clases de baile y de chelo, y la suscripción a Netflix.
Aquí es cuando No Other Choice comienza a evidenciar ese lugar incómodo en el que se sitúa Park, con suntuosos movimientos de cámara: la víctima del sistema es en verdad una persona insoportable. En este sentido, la aproximación a la cuestión de clase por parte de Park es mucho menos maniquea que la de Bong Jon-hoo en Parasite, por ejemplo; mucho más visceral, aunque los dos comparten una concepción coreográfica y milimétrica de la puesta en escena.
Como dice la mujer del protagonista, Yoo Man-su es un alcohólico que cuando bebía era incluso abusivo. De hecho, la mayoría de los hombres que él se va cruzando en su camino son adictos a la bebida, en un retrato que pone en entredicho cierta masculinidad tradicional, y que Park resume en un plano desde el culo de un vaso de cerveza con aguardiente. El recipiente se va vaciando, al ritmo veloz del protagonista, que bebe con afán.
No Other Choice trata sobre el tránsito de lo analógico a lo tecnificado, pues el protagonista y sus competidores son expertos en papel, hombres que hicieron de la textura de los sobres, de los folios, de los cartones, una pasión. Y ahonda también en la violencia intrínseca de nuestra sociedad neoliberal. En una de las escenas centrales de la película, el protagonista entra en casa de otro hombre dispuesto a asesinarlo. Mientras, en el aparato de música se reproduce una canción a todo volumen. Como en una de las escenas más icónicas de Perros de la calle / Reservoir Dogs, se produce un distanciamiento en el tono, entre lo absurdo, lo cómico y lo brutal.
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